1 de abril 2011 - 00:00

Cupones bursátiles

Como siempre, lo del miércoles fue revolver en la canasta de novedades que giran por el mundo y elegir una, a voluntad, para justificar un súbito repunte de las Bolsas. Partiendo, como casi es habitual, de lo que emana de cables de los Estados Unidos.

Una persona «normal» tal vez hubiera imaginado que la gran novedad -preocupante- era la de ver llegar partículas radiactivas sobre Nueva York.

Más allá de la inmediata aclaración, sobre que el nivel de contaminación resultaría desechable, dejaba lugar para un gran temor: si es que de esos reactores japoneses se escapan los verdaderos «monstruos» que pugnan por salir de ellos.

Estando a casi 11.000 kilómetros del centro del problema, el que tales partículas hayan alcanzado a surcar el aire hasta Nueva York seguramente no estaba en la mente de nadie.

Ocupación

Pero sabemos que la «gran noticia» -gestora del alza en los mercados- resultó la de un nivel de «ocupación» que subió en 200.000 puestos (sobre millones que están flotando).

Después, lo del «efecto mariposa», que también es moneda común: el aletear de alas en Wall Street generó movimientos todavía más marcados en índices lejanos. El más alejado tal vez, nuestro austral recinto, que se ganó más del 1,5% de utilidad. Ahora, otra pregunta: más allá de lo que llegaba de afuera, ¿no había temas para preocupar en nuestro medio?

Respuesta (a nuestro modo de ver): una novedad adversa, el incremento autorizado en combustibles y que -naturalmente- debería irritar más la inflación. En especial, a productos básicos que no se distribuyen caminando, sino en camiones. Y desde allí, toda la cadena de productos que se «engancha» en la suba de precios. Con razón, sin ella, cualquier empresario justifica el aumento diciendo que aumentó la nafta. Típico, clásico, conocido.

Pero hubo otra novedad nada estimulante. Y es que en Brasil, acaso hartos de nuestras restricciones, ya están por aplicar medidas contra las importaciones. Y esto nos involucra de modo directo en muchos rubros que van hacia allí. Sin embargo, el «aleteo» del Dow Jones sirvió para una rueda de festejos aquí: cuando, en verdad, era un día para frotarse la frente y pensar.

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