8 de agosto 2011 - 00:00

Cupones bursátiles

La Bolsa y su tendencia son como el agua: siempre buscan su nivel. Esta semana demostraron que evadirse por algunos momentos de la tónica imperante, que es lo que se veía en el Merval porteño, es jugarse a una sola carta: que aflojen súbitamente las condiciones globales como para que la estrategia de evitarse los perjuicios que atacan a los otros desaparezcan y poder integrarse a las mejoras. Si esto no ocurre, como fue lo visto, la resistencia falsamente planteada se ve desbordada de golpe. Y así, en las dos últimas ruedas el índice local «pagó» con bajas mucho más que sus colegas referentes. Un 6 por ciento el jueves, agregando el 1,35 por ciento de la última fecha, cuando el viernes tanto el Dow Jones como el Bovespa insinuaron un leve rebotar (muy entre algodones, obviamente).

Lo concreto es que el Merval se aguantó el 7,65% de caída en la semana, bastante más que el Dow y menos que el Bovespa. Pero en definitiva sin que el retocar de algunas plazas líderes, para dejar saldos que no se compadecían con lo que llegaba del exterior, diera resultado alguno. Tuvo que resignarse y plegarse a la onda de «corrida» que venía imperando. Con dos saltos de volumen muy notorios, terminando en viernes con $ 94 millones efectivos. Afortunadamente, nuestra columna no debe arrepentirse de nada. Quien la sigue diariamente sabe que a lo largo de todo el año -con la serie de hechos negativos que se daban en el mundo- opinábamos que los mercados bursátiles no habían realizado una verdadera «corrección» (y en línea con aquello que venía como mandato de las economías y las terribles inquietudes sociales y políticas en el mundo). Mientras se oían sonar trompetas triunfales, alabando que los índices siguieran hacia arriba, dejábamos siempre la misma opinión. Que, seguramente, todo tipo de inversor sensato habrá compartido, eludiendo la «metralla» mediática que inunda pantallas y fabrica estímulos de la nada. No había que ser un Roubini para advertir que la realidad y los mercados irían a coincidir en algún punto: todo era cuestión de tiempo. Ahora, a la inversa, los mensajes hablan del desastre de las Bolsas como si los mercados se acabaran. Un péndulo insensato de la euforia desmedida y la depresión extrema, dos extremos igualmente nocivos para ser inversor, operador, del mercado de riesgo. Lo de siempre.

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