20 de enero 2012 - 00:00

Cupones bursátiles

Será cierto -como nos decía en Ámbito Financiero del lunes el muy buen economista Siaba Serrate- que: «¿El mercado está vacunado contra pesimistas?... Ciertamente que daba para pensarlo cuando se abrió un muy temido período, que debía traducir en resultados bursátiles las rebajas de calificaciones a casi toda Europa. Y cuando lo de Grecia seguía flotando sobre el mercado. El trabajo de ser «espejo» de las situaciones, esta vez devolvió la imagen de Caperucita, cuando estaba parado frente al cristal el lobo.

Por lo que habría que suponer que el tal espejo de las Bolsas se ha vuelto independiente, reflejando lo que desee y sin sumirse a mostrar la figura que se le presenta. Los pasos siguientes a la sorpresa del lunes trajeron consigo otras por el estilo, ya que sin tener nada a la vista en los lugares habituales los ojos de los hacedores de imagen bursátil decidieron enfocar a los chinos y utilizarlos debidamente, como excusa para dar respaldo a los aumentos del día. Que, como podía imaginarse, así como aparecieron en pantalla se esfumaron en los considerandos del miércoles. Y el «tándem» incorporó a la poca agraciada figura de la señora Lagarde, con la tropa del FMI y haciendo correr la voz de estar juntando dineros (nada menos que 500.000 millones de dólares) como para empezar a jugar de Papá Noel (función que no le cabe al Fondo Monetario).

Y, si algo faltaba, le pusieron la frutilla del postre dando como causa a favor los números de Goldman Sachs.

El miércoles resultó la fecha de menor carga de pesimistas -sería por la vacuna- y se generaron aumentos de valía, en especial para algunos índices. El de Buenos Aires rozando un 3%, brilló por encima de todos. Sin mucha necesidad de llevar el volumen a marcas más apropiadas, los $ 42 millones acompañaron bien el aumento en precios. Después de la primera descomunal -como insólita- semana, seguida de una segunda de ruedas con mucha modestia, resurgió el andar positivo en el curso siguiente: y doblegando el anillo de problemática que sigue rodeando a las economías.

Ya es difícil establecer a qué se puede considerar como bueno, o malo, en cuanto a las noticias que se van produciendo en el mundo. Y más allá de la carga objetiva que pueda reconocerse, hasta dónde llega la habilidad de los «alquimistas» para invertir los términos y las conclusiones. El 2012 bursátil se parece a un enorme nudo marinero, apretado, al que se intentará ir desatando. Nada calza, poco coincide.

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