24 de enero 2012 - 00:00

Cupones bursátiles

Que las compañías locales en Bolsa puedan estar costando menos -por capitalización en el mercado- que similares foráneas es un dato no decisivo para que una compra de posiciones se dispare. En principio, deberían cotejarse ciertos componentes para que ese total haya decrecido y a ello también incorporarle el contexto que poseen las sociedades de nuestro medio respecto de otras regiones. Pero, además, el dato de aquello que puede costar el paquete global de acciones siempre interesó mucho más a los grupos de control que al simple inversor común. A este último solamente le importa que una acción obtenga utilidad de los negocios de la compañía y que efectúe repartos apropiados.

Cierto es que cuando se llega a capitalizaciones de tono muy deprimido, quienes detentan el poder político en las sociedades solían ponerse en marcha para incrementar su cartera con títulos que -bien sabían- eran precios de liquidación. En el historial local una zona muy marcable -a título de ejemplo- fue la que correspondió a los años previos a 1976 y cuando el precio -en dólares- de los paquetes empresarios, por Bolsa, se vendían por moneditas. Desde los propios grupos de control, que acumulaban acciones que estaban en el subsuelo, se inició lo que después resultaría el llamado boom de 1976.

En la actualidad, y a pesar del rebaje general del 30% que debió asumir el mercado local en 2011, no se advierte -salvo por esa primera semana descomunal- que exista compra desde los grupos mayoritarios. Dentro de la legislación vigente desde hace unos años, referida a la compra de acciones propias (para nuestro punto de vista, una medida

inapropiada y que se presta para todo tipo de artilugios), hemos visto, a lo largo del pasado año, a tal norma activarse en sociedades que adhieren a tal práctica. Pero si el mercado fue una pendiente permanente y llegó a decaer hasta el 30% en doce meses, queda a la vista que los que estimaron que tales acciones eran baratas (y utilizaron dinero de la compañía) llegaron a poder equivocarse fiero.

En estos momentos debería verse un grupo nutrido de empresas decidiendo tal compra de títulos propios; sin embargo, esto no apareció. En un momento puede estar dando un falso piso por tales compras desde adentro, oponiéndose a la tendencia general del mercado. Y tal actitud no resulta beneficiosa.

Ver los balances, ver si ganan, ver si hay para repartir. Si hay inversión, si hay porvenir, si hay sanidad de estructura. Los datos para el hombre común.

Dejá tu comentario