6 de marzo 2012 - 00:00

Cupones bursátiles

Cada tanto, no por felices razones, el «muerto» levanta una mano como para avisar que goza de cierta salud. O, como respondIera Mark Twain -a un diario que había dado la noticia de su fallecimiento- «deseo expresarles que la noticia sobre mi muerte, me parece algo exagerada...». Por si el lector no lo intuyó, el «muerto» del que hablamos es el mercado bursátil y el empeño en demostrar que no existe, más las propias evidencias que se dan con un total dejarla a un lado, de pronto hace que abra los ojos y se maquille para salir en fotos y titulares, de todos los medios. Ahora, el controvertido caso entre el Gobierno y la sociedad anónima Repsol YPF -más la intervención de la «CNV» -derivó en que se menciona la dura caída de la cotización de sus acciones... en la Bolsa. Y hasta se han visto decires que den cuenta sobre una estrategia montada, para poder tomarla y poseer los fondos suficientes, en base con tal cotización... de Bolsa. Decíamos ayer, que suena a disparate que se quiera tomar como única referencia tal cotización y después de la paliza que recibiera la acción, a lo largo de febrero. También aquí ya entró en juego la permanente confusión que muchos tienen al dar al «precio» -de Bolsa- como sinónimo de «valor» de los papeles de una empresa. En otro medio leímos que un agente de Bolsa -no se decía el nombre- en esos informales chequeos que tanto gustan realizar en las redacciones con los que llaman «los entendidos» consideraba que «el enfrentamiento se va a agravar y esto dejará a la compañía con un valor mucho más bajo que el que legítimamente le corresponde...». He ahí la utilización de «valor» como sinónimo de «precio», porque los precios fluctúan de modo permanente, hasta minuto a minuto, pero el valor del activo permanece inmutable. Y nada tiene que ver el poder adquirir posiciones para una cartera, o de porcentaje minoritario, que cuando se trata de un «paquete de control». Esto último, por lógica, toma otra magnitud en cualquier negociación que se realice entre las partes. En definitiva, todo se asemeja a un sainete que incorpora todo tipo de opiniones.

Típico, por otra parte, en una sociedad acostumbrada a sentenciar cuestiones: contando con un mínimo de información. Por su parte, la «CNV» encontró que en ningún estatuto social se prohíbe el ingreso de asesores, con los directores de una compañía. Con lo cual se habilita a que cada uno concurra con varios, pudiendo hacer reuniones de -digamos- cincuenta personas de mínima. Fascinante...

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