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Cupones Bursátiles
Cuando aparece alguna luz en las tinieblas, como la sensatez de un gobernante que comentamos ayer, de inmediato la niebla estrecha filas y deja al mundo sumido en la crisis. Y sin que la mayoría esté dispuesta a extraer enseñanzas de ella y corregir los desvaríos que hicieron caer en tal estado. Lo más dramático que puede suceder es seguir con los intentos por tapar rápido el asunto y dejarlo predispuesto para caer en otra crisis, a cierto plazo. Recordemos cuando aquel estallido de las «tecnológicas», en medio de las «exuberancias» de que hablaba Greenspan. Y que una vez sofocado el incendio, que estaba limitado a problemas de excesos de mercado, solamente alentó a que se multiplicaran las prácticas aventureras. Para, unos años después, que el desastre estuviera dentro del sistema bancario de Estados Unidos y ya siendo un incendio fuera de control, propagado a la economía y difundido por el mundo. En tanto sigue todo en estado de confusión, los mercados tienen que seguir operando. Y los que transmiten noticias y pareceres, que repiquetean en las pantallas, van cambiando el menú hasta de un día para otro y reemplazando «figuritas», llegando hasta datos de lo más exóticos.
Tal vez al lector le suceda lo que a nosotros periódicamente, darnos cuenta de que se termina razonando en círculos y que la crisis y los mercados parecen ir de ninguna parte... hacia la nada. Tratando, con ligeras variantes, los mismos asuntos como causales de movimientos que cambian de dirección de manera súbita. El mundo está loco -decíamos en comentario sobre la rueda del martes- y lo refleja el espejo bursátil (no sólo cuando se baja, sino también cuando se sube). Pasar de chinos a griegos, hablar de una Europa con signos recesivos, o de marcha muy lenta en Estados Unidos, resultan los invitados de cada semana y hasta empalagar, con las diversas versiones de un mismo libreto. Se está en la delgada línea donde la volatilidad, se convierte en delirio. Operar hoy es ser adicto al riesgo.


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