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Cupones bursátiles
Cinco ruedas consecutivas con bajas, con un ritmo creciente en los porcentajes, sin que las «hábiles manos» pudieran revertir los resultados. Una especie de baño de realidad, de bajar de la cabina de cristal a nivel de lo que sucede en las calles, donde se gesta la economía.
Por el momento, sólo lo que puede llamarse una simple «corrección» del avance continuado, inclusive inducido al advertir que el techo virtual ya deja escasa capacidad de ir hacia arriba. Acaso esto se suture con prontitud, para no correr el riesgo de que un sesgo correctivo se transforme en una vocación por la salida y los temores cobren mayor cuerpo. Para colmo de males, los europeos han vuelto a los barquinazos y teniendo varios prospectos de una «nueva» Grecia en la mira. Estamos en un punto crucial del año al iniciar el cuarto mes y donde nada parece salirle bien a nadie -ni siquiera a los chinos- como para convertirse en la contracara de lo malo.
El Merval sufre de dolores externos y también de los que se le han generado cuando los «elefantes» ingresaron a embestir contra el bazar de cristalería que es un sistema de «oferta pública». Que todavía se mantenga con una ligera utilidad dentro del año roza el calificativo de «hazaña» para la Bolsa local.
Por mucho menos, hace ciertos años, de lo que ha sucedido con empresas listadas en el sistema se hubiera generado una formal «corrida» de las posiciones accionarias. Pero casi se ha tomado como algo natural, frecuente, admisible, toda la serie de hechos. Y esto habilita a aguardar varios más, vista la suma tranquilidad con que se avanza sobre las compañías y se altera la formación de precios de una manera grosera.
La indefensión en que se halla el simple inversor «minoritario», local o del exterior, sin que el organismo rector -que tiene el deber primordial de velar por ellos- fije los límites a las incursiones. Que han llegado al extremo de imponer a las sociedades qué destino deben darle al dinero de las utilidades. Primero repartirlo, después invertirlo, mañana puede que sea... prestarlo. Pésima hora global para el sistema bursátil. Tiempo de congoja para lo nuestro.


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