Otra vuelta de tuerca sobre las perspectivas de la economía global -lo de España, que habilita para colocarle la mira a Italia- y esto vuelve a poner sobre la mesa, si es que los indicadores bursátiles están acordes con la realidad que los circunda y que ya los acosa. Así como los índices de Bolsa son los que más toman de la «torta» de las bonanzas, también son los más expuestos cuando hay que afrontar la zona baja de los ciclos económicos. Esto no resulta tema para polemizar; las evidencias, la historia, hasta las mismas características de lo bursátil imponen que esto deba suceder así. Al ser los que representan al «riesgo puro», actuando sin redes que los protejan, ni paridades, ni rentas fijas, resultan el «animal» financiero más veloz en las trepadas: como el que posee la carrocería más liviana para soportar los impactos. Y si lo económico que los rodea da muestras, como ahora el abismo español, de ello también se desprende que los balances empresariales -en los diversos países- habrán de estar perjudicados, siendo que constituyen el asidero para las valuaciones y fijación de precios de las especies. ¿Puede haber sociedades de números suculentos, en economías anémicas? Pasando el «peine fino» seguramente que se las podrá hallar, como en Wall Street se pondera un balance de una de las «tecnológicas», pero por donde atraviesa la prosperidad es por compañías de industria de base, las que sufren de la parálisis de la crisis. Volviendo a los primeros párrafos, lo de España -acaso lo que sigue- coloca el gran interrogante sobre si el filtro de la verdadera «corrección» de los índices está a tono con los sucesos que se acumulan. Y esto resulta subjetivo, depende cómo se lo quiera juzgar, más allá de aquello que nos dice que: al mercado no se lo discute. Los precios y los índices del mundo son los que están figurando y punto. Pero corresponde trazar un rumbo y suponer qué puede ocurrir más adelante, a cierto plazo, en un contexto que -por lo que se sabe- no posee chances de variar y sí tiene posibilidades de deteriorarse todavía más. De lo que pudimos aprender del historial, y lo que vivimos, es que hay que llegar en el menor tiempo posible a encontrar lo que -realmente- resulte el fondo del pozo de un mercado: para que, después, solamente quede ir subiendo y recomponiendo. Las marcas actuales no dan la impresión de estar en tal punto de mínima (como en 2008) y es para desconfiarle.
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