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Cupones bursátiles
-con suma habilidad- por los que arman el juego nuestro de cada día: apelen a dar vuelta los resultados y los «asiáticos», corran a su destino de archivo. Porque todo dura unas horas, un día, como el pronóstico de menor crecimiento, siendo suplantado por algún tema nuevo. Si el lector se toma el trabajo de reunir cierto lapso de actividad, con sus saldos de mercado y los estímulos que los produjeron, hallará el ritmo vertiginoso con que unos asuntos reemplazan a otros, en una interminable secuencia. Y donde todos parecen poseer el mismo poder de fuego, aunque ciertas novedades sean de verdadero peso importante y otras, nada más que temas accesorios, menudencias.
El mismo lunes, un funcionario europeo mencionó que las economías «están a mitad de camino para salir de la crisis»... (si se llevan ya cinco años, otros cinco harían la década de que habló Merkel hace bastante tiempo atrás). Tal pronóstico, más serio todavía que aquello de los asiáticos, pasó de largo para los supuestos causales de la baja del lunes.
Cómo encaja esto con el punto donde se encuentran los indicadores de las Bolsas, ciertamente: no encajan. No hay mercado, ni siquiera el nuestro, que se halle cercano a las zonas de inicio de la crisis (por aquí se llegó a tener un Merval en «900» puntos, hoy roza los «2.500»). Sería atractivo adquirir papeles baratos, pero ¿están -realmente- baratos? (A gusto de cada uno).

