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Cupones Bursátiles
Esta es una realidad que salta a la vista en todas las ruedas, afincadas ya en volúmenes promedio que están por debajo de los que se podían considerar bajos hasta unos meses atrás. Además de ser una réplica de lo que, según se lee, sucede también en los grandes centros y dentro de un mundo que persiste en navegar en crisis, aquello que se instaló como un remover de cimientos en toda la estructura bursátil local -con el «proyecto» a convertirse en ley- no provocó ningún tipo de reversión en la tendencia soporífera que atraviesa por los títulos privados. Como todavía no están en vigencia y llevará cierto tiempo reglamentarla y organizar lo que deberá ser un importante y nuevo organismo de la Comisión Nacional de Valores, los efectos concretos se tendrán también que aguardar en la práctica. Lo único a la vista es que con los principales enunciados de lo que habrá de votarse la apatía del mercado ha sido absoluta. En columna de ayer mencionamos la nota a José Cirillo, aquello de la necesidad de traer más «mercadería» (léase, más empresas a cotizar) y -en tal visión, coincidir con la misma-, pero tampoco con ello la decadencia habrá de solucionarse. Porque el «vital elemento» es conseguir que la inversión en Bolsa penetre en la gente. Que aunque sea una porción del capital que flota buscando un puerto, observe en la compra de acciones una alternativa seductora. Para ello, y no para un corto plazo, el propio sistema (el que se arme ahora) tendrá que tratar nuevamente de «ganar la calle», romper con la tendencia que comenzó hace mucho tiempo a anquilosarse, vivir entre cuatro paredes y desapareciendo de la mente de los ahorristas potenciales. Hace un par ejercicios las acciones habían tenido un muy buen año, el índice subiendo hasta un 50% -un disparate de beneficio- y decíamos en ese entonces que al gran público no le importaba. La gran mayoría no se había dado por enterada. La nueva ley -creemos- aborda temas de forma pero no de fondo. Y serán cada vez más normas, más estructura, para cada vez menos mercado. Vaya negocio...


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