Nada parece importar demasiado a los mercados de riesgo, que han venido demostrando un total desprecio por aquello que les dicta el contexto de sus referentes naturales. Las pequeñas novedades positivas se agigantan a través de los mensajes, en tanto las desfavorables se disimulan o se diluyen velozmente. Comprobar en qué punto estadístico se ha ubicado el Dow Jones, en mejor posición que antes del comienzo de la crisis, cuando en el país que lo contiene aparecen nuevas, y lastimosas, treguas, para que siga con el endeudamiento y sin tener ninguna solución a la vista, puede que resulte el ejemplo más relevante. En lo nuestro, la formidable unión de final de 2012, con el primer mes de 2013, no encuentra asideros en una economía que está frente a turbulencias varias. El tradicional «Foro de Davos» solía atraer la atención de analistas e inversores de las Bolsas, porque concentraba el rendimiento y los pronósticos de empresarios de todo el mundo. No los que se mueven por instinto ni por teorías, sino los que constituyen la médula de la llamada «economía real». Los que deban realizar balances para que éstos otorguen respaldo a sus papeles cotizantes. Pues, salvo algunos recuadros de páginas interiores (bien lejos de la primera plana), la reciente reunión de Davos pasó como un suspiro.
La síntesis del pensar de 1.338 ejecutivos de todo el mundo fue: «Tienen menos confianza que el año pasado sobre perspectivas de crecimiento de sus empresas».
Ya el 52% de los consultados estimó que la situación permanecerá igual, en tanto un 28% declaró que aguarda un nuevo receso de la economía mundial. Los directivos generales dicen que «esperan otro año difícil a nivel económico». Si bien el panorama no es demasiado sombrío, se está en presencia de una economía que lucha por salir de la crisis...
A partir de tales declaraciones, en otra época, el reflejo sobre los mercados trasladaba esas inquietudes a la evolución de los índices. Y desde tal raíz es que una de las «leyes de oro» que sabían los inversores y operadores era que las Bolsas son incapaces de reparar sus propios argumentos, solamente actúan de espejo de lo que les llega en lo económico, financiero, político y hasta social. En estos tiempos, tal ley se viene desafiando en casi todos los mercados, jugando a crear sus propios causales y rebelándose contra el contexto hostil. Actitud sumamente apreciada por los que ganan, pero corriendo por sendas peligrosas...
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