19 de abril 2013 - 00:00

Cupones bursátiles

Una semana muy particular -con todos los sucesos encadenados, en Estados Unidos- donde lo que puede suceder con la tónica de los mercados pasa, lógicamente, a un plano alejado. Menos, claro, para sus operadores y que siempre hacen verdad aquello de: "Los mercados no tienen piedad". De todos modos, en el enjambre de cuestiones que se entrelazaron en el período y de origen tan diverso (los chinos, la caída del oro, los balances buenos y malos, etc.) es de inferir que una suerte de psicosis debe estar instalada, en la sociedad norteamericana: y esto, sin ser un dato mercantil, adquiere también un gran paso específico. Para hacer variar opiniones y actitudes, también de los hombres que trabajan en los negocios. Ya la caída en el Dow Jones -del lunes- había quedado como una de las muestras más inusuales de ver, en tiempos recientes.

En tal rueda se perdió el severo control de situación, que se venía ejerciendo sobre la magnitud de las ruedas bajistas. Lo que implicó aplicar de inmediato un "suavizante" -el martes- para generar un rebote y tratar de poner todo en caja. Hasta ahí: casi lo previsible, lo de siempre, dar vuelta la página y borrar los supuestos causales anteriores. De allí es que nuestros dos primeros títulos, sobre ruedas de lunes y martes, fueron: "Echale la culpa a China", seguido de "Olvídense de China". Especie de ironía, para remarcar qué tan fácilmente se conjuran los desvíos y se vuelve al curso anterior. Pero la sorpresa apareció el miércoles, donde detrás del repunte sobrevino otra caída -casi del 1%- y esto no figuraba en el "libreto" conocido. Ida y vuelta, baja, reacción, recaída, que nos parecía que ya podía sembrar de dudas aun a los que no dudaban de nada. Mezclado con tales altibajos, están los sucesos consecutivos (de Boston, cartas a Obama, y Waco) que ya formaron toda una masa imposible de poder separar, en los componentes de puro mercado: y los que incidieron sobre éste. Otro aspecto que no debe dejarse de lado es que el Merval se fue adosando con plenitud a las señales que provenían del exterior. Dando los mismos signos que afuera y con igual dibujo, de gráfico con "taquicardia". Preferimos no arriesgar conclusión, mucho menos pronóstico, cuando se levantó una bruma, que impide ver más lejos que las narices. (Esperar y ver.)

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