13 de junio 2013 - 00:00

Cupones bursátiles

Todavía nadie lo ha llamado "gato", pero hay un perfil de un animal negro, de cuatro patas, con dos orejas y que dice: "Miau". Su nombre es "corrección", que se evidenció con un martes en el que nadie se salvó de los recortes en los índices. Y utilizando como banal argumento que los japoneses no hayan decidido hacer lo que los operadores quieren (tirar más manteca al techo, obviamente).

Sin apoyaturas que puedan ser creíbles, con una pila de argumentos desflecados de tanto usarlos, los recintos no tuvieron más destino que soportar una avanzada vendedora que involucró a los de Asia, a los de América y a los de Europa. Solamente los matices de unos más, u otros menos, dañados resultó la diferencia. El signo fue implacable en toda la línea: el negativo por delante.

Febrilmente se estará intentando armar nuevas estratagemas, rebuscando en el fondo de la lata de los ratios económicos, con tal de provocar ciertos repuntes que espanten la creencia de que la tal "corrección", pueda estar ya en marcha. Pero hay del otro lado una fuerza de demanda que cada vez está creyendo menos. Y muchos de ellos se cambian a la fuerza de la oferta. Lo estamos viendo, en una versión muy sintetizada, en el devenir del mercado local. Que está intentando alejar a la oferta como se pueda y donde el clásico y muchas veces eficaz recurso de "achicar la cancha" (deprimiendo el volumen cuanto se pueda) no está pudiendo eludir el signo bajista, que se percibe netamente en las líderes del Merval. Como si el mercado hubiera presentado al cobro ciertos "pagarés" que le fueran depositados a cambio de seguir dando cédito a los aumentos de precios, y que ahora no poseen fondos para ser levantados.

En tanto prive cierto desagio graduado, resulta un mal menor y que puede ser asimilado con cierta prolijidad. Dejar demorar en las alturas máximas, venir unos cuantos escalones más abajo, y a partir de allí, intentar encauzar un movimiento menos pretencioso. La contracara de ello sería que se genere un desplome de tipo vertical, al que no es sencillo de poder gobernar. Difícil establecer en qué punto se está, más allá de suponer -con cierta lógica- que se engrosa más el escuadrón de la oferta, que el poder contar con participantes nuevos en la demanda. La traslación de una fuerza a la otra tiene el destino en sus manos.

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