14 de octubre 2013 - 00:00

Cupones bursátiles

"¡Vaya, qué infierno!, no siempre se puede ganar", era la frase preferida de "Diamante" Jim Brady, pero siempre ganó.

En su primera aventura especulativa en 1897 embolsó $ 1,5 millón y fue basándose en la próxima elección presidencial y apostando por William McKinley como futuro presidente.

"Diamante" Jim exclamaba: "Seguro que me arriesgaré, y se zambulló en la compra de acciones del ferrocarril hasta que alcanzara los u$s 26. Cuando la acción llegó imprevistamente a u$s 68 simplemente, descargó sus tenencias, y comenzó a contabilizar ganancias dejando que la acción tomara un súbito raid vendedor.

La extravagancia era su marca de fábrica. Podía estar especulando en el mercado, o delante de señoras deslumbrantes, o un extraño que lloraba, contándole su triste historia, no importaba, Brady siempre tenía abierta su voluminosa cartera. Su fuerte era su reconocida generosidad, y James Buchanan lo explicaba diciendo que Brady gastaba libremente porque no tenía familia a quien dejarle sus millones.

Pesando algo más de 110 kilos, con ojos pequeños en una cara poco agraciada y comiendo seis veces más que una persona normal, su frase clásica era: "No hay en el mundo una mujer que quiera casarse con alguien tan feo como yo". Teniendo en cuenta que muchas personas, a pesar de ser feas, se casan con éxito, se sospecha que adoptó esta postura porque en realidad el matrimonio le era indiferente.

Haciendo gala de una inteligencia nata para los negocios, Jim nutrió su carrera, además, dedicándose a la venta de repuestos para ferrocarriles y automóviles, suscribiendo jugosos contratos y recogiendo una fortuna en comisiones.

Nativo de la ciudad de Nueva York, hijo de irlandeses, de escasa fortuna después de asistir a la escuela comercial se dedicó a la venta. Era un jugador sutil y discernidor, jugaba a las cartas y a los dados en su tiempo libre, por diamantes en lugar de dinero. Apostaba fuertemente con prestamistas, había reunido una gran cantidad de diamantes usándolos como lanzamiento cuando tenía ventas importantes.

En efecto, llevaba un bolsillo lleno de diamantes que sus clientes sospechaban que eran falsos, para demostrar cuán exitoso era Establecía su credibilidad sólo demostrando que los diamantes eran legítimos, grabando en la ventana, con un diamante, que el incrédulo había elegido previamente, su propio nombre.

A medida que el éxito de Jim crecía, sus diamantes también crecieron en tamaño y número. Continuará...

Dejá tu comentario