15 de octubre 2013 - 00:00

Cupones bursátiles

Brady era conocido por sus diamantes y su gula, y dada su adicción por la comida, recibía muy pocas invitaciones para cenar.

Cuando en una oportunidad una camarera atrevida le preguntó si sabía cuándo estaba saciado, Brady le contestó estoicamente: "Siempre que me siento a comer, dejo un espacio entre el borde de la mesa y mi abdomen, y entonces, cuando siento en un determinado momento que ambos se rozan, sé que ya he tenido bastante".

Como no podía ser de otra manera, a los 56 años, al hombre que fielmente guardaba, al alcance de su mano, una caja de dos kilos de nueces cubiertas de chocolate y coco se le diagnosticaron cálculos vesiculares extraordinariamente grandes; a los 61, estaba muerto como consecuencia de diabetes y otras enfermedades.

Con amigos dentro del mercado, listos y suficientes para mantenerlo bien informado, Brady tenía el dinero y la osadía para llevar a cabo operaciones arriesgadas; raramente dejó que las cosas pasaran si se podía hacer algo con ellas que diera dinero.

Realmente se enamoró de Wall Street después de participar en un "pool" organizado en 1902 por John "te apuesto un millón" Gates como un sindicato contra el Louisville de JP Morgan y el Ferrocarril de Nashville.

Brady tejió una red que le reportó 1,25 millón sin grandes esfuerzos, haciendo el camino del ganador, como sólo un jugador sabe hacerlo.

Sin perder tiempo, se dedicó a convidar y agasajar gente con comidas y bebidas en el Waldorf Astoria; entre estas personas se encontraba el confidente de Morgan, James R. Keene.

Cuando Keene, en estado de ebriedad, le confió: "Sigue en el largo con el algodón de julio", "Diamante" Jim compra a la mañana siguiente 100.000 fardos. Después de dos meses, oyó que otro operador había invertido en algodón en el corto, Jim arrinconó al desesperado esa misma tarde y se alejó con un fresco millón.

En casos raros, Brady perdió en el mercado, quizás actuando demasiado pronto en puntas, o sea que se deshizo de una acción antes de tiempo, pero ésa era la excepción, no la regla, tal vez porque "Diamante" Jim tuvo suerte. Y ésa puede ser la lección de su vida. Es importante cuando consideramos las historias de inversores exitosos recordar a algunos de ellos que pueden haber parecido inteligentes, pero que en realidad pueden haber tenido meramente suerte.

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