21 de febrero 2014 - 00:00

Cupones bursátiles

Reapareció febrero, en medio de la semana, armando un desparramo bajista en la rueda del miércoles (como si quisiera revalidar, sus desagradables saldos negativos estadísticos). Opiniones al respecto, todas tienen cabida, creemos que lo que sucedió en la sesión mencionada puede anotarse como: la primera gran señal peligrosa en lo que va de 2014. Que no fue una reacción súbita, impulsiva dentro de un mismo día y por una causa fuerte a la vista. En fechas previas -nuestros comentarios sobre desarrollos del día, dieron cuenta de esto- lunes, y también martes, no lograban que las variables congeniaran para darles validez a los resultados del Merval. O bien el otro índice se mostraba en baja, o en las diferencias entre especies prevalecían los descensos, sobre otros síntomas. Era un curso de orden dudoso, que tras ello rompió en baja y -en la tercera instancia- lució una sugestiva debilidad defensiva. El recurso de achicar las pérdidas vendedoras, haciendo que el volumen retrocediera a $ 75 millones, no tuvo mayor efecto que -tal vez- evitar que una baja del índice del 2,2%, se ampliara mucho más si el ritmo de oferta no decrecía de tal forma.

Pasarlo, que es la salida más fácil a la que apelan los "especialistas", como una simple "toma de utilidad": quizás resulta un modo riesgoso de negar la verdadera identidad, al súbito ataque vendedor. Justamente, veníamos mencionando en esta columna que esa asociación -límite, pero indeseable- de descalces en: dólar, tasas, inflación y -acaso- recesión, se vería de lleno en estados contables con cierre al mes de marzo.

Trimestre explosivo, donde todos los elementos confluyeron en la revulsión de las variables económicas y financieras. Y, salvo mejor opinión, en los ratios y resultados de quienes son principales actores del sistema: los mineros empresarios.

Una derivación tendrá presencia en el aspecto "operativo" (posiblemente la más tolerable), pero el problema mayor impactará en la llamada "zona baja" de los cuadros. Donde se habrá de multiplicar la erogación "financiera" (sobre pasivos en dólares, por la devaluación del oficial) y también pegando duro sobre los compromisos "en pesos", ante el fuerte incremento en la tasa de interés.

Si algo faltaba, surgió en la semana nuevamente la amenaza de funcionarios: acerca de controlar y determinar cuál debe ser la rentabilidad permitida a las compañías. Tal vez apto como advertencia, nefasto si se llega al extremo de querer aplicarlo. (Si fuera así: mejor apagar la luz del recinto bursátil y... a otra cosa.)

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