14 de abril 2014 - 00:00

Cupones bursátiles

Toda vez que los fundamentos de la inversión retornan a la superficie de los mercados (y son invodcados por los operadores) replicando a quienes los dan por muertos: no podemos evitar que la satisfacción, bos invada. Y viendo los considerandos de toda la semana anterior, en el ambiente convulsionado de Wall Street, las evidencias quedaron allí estampadas, en varios párrafos. Citamos textual, el informe: "Los inversores están recogiendo utilidades, al inicio de la temporada de resultados corporativos, en medio de las expectativas de que las ganancias: no serían lo suficientemente sólidas, para soportar las altas valoraciones de algunas acciones...". Bellísimo, ver una pincelada de argumentos y raciocinio, por encima de los impulsos más primitivos.

En paralelo, para el Nasdaq se vuelve la historia casi tres lustros atrás y cuando se transita por la misma ruta, que llevó al desastre de las "tecnológicas" en el 2000.

Cuando la "exuberancia" que venía apuntando Alan Greenspan, era contestada burlonamente por operadores embriagados con el festival alcista. Y todo un día terminó, como recordamos, con una caída libre. Pero, haciendo cierto aquello de: "los mercados no tienen memoria", en pleno 2014 hay que leer que el mismo mercado, de las mismas especies: "se desplomó un 3%, por temor a que se haya estado formando una nueva burbuja financiera"... Por lo tanto, hay que reconocer que la historia nos enseña que nunca nadie, aprendió nada. Y la cercanía entre uno y otro peligro similar -menos de quince años- también plantea que ni siquiera se trata de movimientos desaforados, entre dos generaciones distintas de operadores. Seguramente que muchos de los actuales participantes en el Nasdaq, y también en el Dow Jones, han estado viviendo los acontecimientos del 2000.

Pero, no han tenido ningún reparo en repetir el esquema y afrontar iguales riesgos, de una zona de trituración de carteras. Que ya se invoque la relación fundamental que debe regir a la evolución de cotizaciones, basado en la capacidad de ganancias del bien subyacente es un reverdecer de todas las enseyañanzas de Benjamín Graham, también sustentadas por su mejor discípulo -Warren Buffet- y que en ciertos pasajes de la historia se ven desechadas por los simples "apostadores" que se adueñan del mercado, con el facilismo de inflar los precios, hasta que todo estalle de mala forma. Y disfrutamos ver que las "leyes de oro" siempre vuelven. ¡Aleluya, hermano!...

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