Culminada la rueda del lunes, donde el panorama en que debe moverse el mercado no florecía en ninguna noticia que variara lo conocido, el Merval subió otro 2,3%, movió negocios de $ 220 millones. Pero, más allá de datos que suenan como asimilables para lo que es un día aparece la cuenta de agosto, que ya roza el 15% de rendimiento líder. Y catapulta al saldo del trayecto de casi ocho meses a zona rayana en un 75% de ganancia, para cartera accionaria. (También dejó al alcance de un par de ruedas generosas, la coronación del índice en los "10.000" puntos...). Todos los datos confluyen para remarcar el rnorme abismo que separa los movmientos bursátiles, de los hechos y números que preocupan en la economía. Sabido que pasa por dos andariveles la corriente argumental de quienes dan exlicaciones (y soporte a los aumentos sin pausa), según a quién se consulte le dirá que es por el "contado con liqui", o bien, que es porque la suba del dólar deja a los activos empresarios cada vez más "baratos". Al margen de estos considerandos, reconocemos que "con el mercado no se discute" y lo que fijan los paneles es la pura verdad indiscutible. Pero es que desde que nos iniciamos en la Bolsa, tanto agentes de aquella época, como veteranos y sabios inversores, nos inculcaron que no hay que embriagarse con las alzas. Ni con la tendencia rozagante, mirando solamente los precios todos los días.
Obligación para defender el capital -nos decían- es analizar el estado de las empresas, conocer prestigio y políticas del grupo de control. Separar los papeles "de ocasión", solamente para el juego puro y corto, de los que eran netos títulos "de inversión". Y en esa práctica de buscarle explicaciones a todo, es que no nos conformamos con esos argumentos que se esgrimen hoy en día. Donde se dejan afuera cuestiones tan graves, como si se aprueba la "Ley de Abastecimiento" y cayendo a pique sobre las empresas (que también cotizan en Bolsa...).
La enorme incertidumbre, acerca del camino que se sigue en lo que es una ruptura con los "bonistas" (sin que se aclare cuál es el objetivo perseguido). La ganancia del año, en acciones, ha superado largamente la inflación anticipada y también la explosión del dólar en los ocho meses. Ergo, existe una franja de utilidad pura que se ha conquistado, que solamente encaja en el empuje eufórico que cuando se aplaca, vuelve con más fuerza. Junto con la suba por la suba misma: sin necesidad de argumento alguno. (Todo análisis se derrite...).
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