22 de agosto 2017 - 00:00

Cupones bursátiles

Había sido un día complicado, que además finalizó con una decepción, al acercarse al banco para retirar efectivo lo encontró cerrado. No era la primera vez que le ocurría. Entonces pensó en una máquina expendedora de golosinas, en el placer de tenerlas a mano en cualquier momento. ¿Por qué no podía ser igual con los billetes que necesitaba para disfrutar del fin de semana?

Corría el año 1967 cuando John Shepherd Barron, inventó el cajero automático. Había nacido en la India británica (1925) y servido en la II Guerra Mundial como capitán de paracaidistas antes de intentar ganarse la vida con el fruto de su ingenio. Hubo desconfianzas iniciales y gente que convencer, pero al fin logró instalar unos pocos en el norte de Londres, el dispositivo fue todo un éxito. Hoy se cuentan por millones los distribuídos por todo el mundo.

Oposición

El aparato creado por Shepherd Barron no era como los cajeros actuales. No había tarjetas plastificadas. En su lugar se usaban unos cheques impregnados en carbono 14 ligeramente radiactivo. Se introducía un código de seguridad y la máquina entregaba dinero. Cuando el inventor explicó la idea en Estados Unidos lo tacharon de loco. Le dijeron que eso eran "cosas de europeos" y que no sería funcional en el país.

Para no revelar el sistema de codificado, que podía caer en manos de delincuentes, se negó a patentar su creación, y prefirió hacer fortuna copiando otra idea. En un viaje a Nueva York se fijó en los vehículos blindados de compañías privadas que transportaban dinero para los bancos. La fórmula era desconocida en el Reino Unido hasta que la aplicó con gran éxito en su empresa, Security Express.

Otro inventor escocés, James Goodfellow, que con ligeras variantes en la fabricación, llevaba décadas reclamando la invención del cajero, fue quien introdujo las tarjetas plastificadas que sustituyeron a los engorrosos cheques radiactivos y que perduran hasta nuestros días.

Para no alimentar la disputa, la Reina de Inglaterra les otorgó distinciones a ambos.

Sheperd Barron inventó dispositivos en otras otras ocasiones que no tuvieron la trascendencia del cajero automático, como cuando patentó el espantafocas, un aparatito que emitía chillidos de ballena para alejar a los predadores de la piscifactoría que poseía en las costas de Escocia. Antes de jubilarse vendió Security Express. Sheperd Barron falleció el 15 de mayo de 2015.

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