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Cutaia: “Hice música jugando con el I-Pad”
Carlos Cutaia presenta mañana, con Daniel Melero, una música que nació de -como él mismo lo reconoce- su jugueteo con el I-Pad.
Carlos Cutaia tiene una historia muy importante con la música. Armó el trío El Huevo en los inicios del rock argentino con Miguel Abuelo y Pomo Lorenzo. Participó de Pescado Rabioso y de La Máquina de hacer pájaros. Compartió el dúo Ce.Ce. Cutaia con quien fue su mujer, Carola, del que resultó un disco. Hizo su primer álbum solista en 1983 y un par de años después publicó "Carlos Cutaia Orquesta", un proyecto del que también formaba parte el socio artístico con el que se ha reencontrado.
Después, con el piano acústico, con los teclados, con el Hammond y los sintetizadores, navegó entre el rock, el jazz y el tango, se unió a colegas de todos los géneros, hizo músicas para el teatro y el cine y escribió arreglos orquestales, como los que apoyaron a Memphis la Blusera en el Colón junto una sinfónica.
Su presente es "Cutaia / Melero", un disco que nació, como él mismo dice, de sus coqueteos con el I-Pad, y que presentará en vivo mañana en el teatro SHA.
Dialogamos con él:
Periodista: ¿Esto de trabajar con la tablet significa abandonar momentáneamente los teclados tradicionales?
Carlos Cutaia: No, para nada. El piano, el Stenway, es para mí una referencia que siempre está. Yo he tocado de todo en mi vida. Y como también hace tiempo que trabajo en el mundo de la música publicitaria, la computadora es una herramienta muy familiar para mí, que empecé a usar cuando todavía no era tan común entre los músicos. Pero lo que me interesa es la mezcla que permite la unión de lo acústico con lo digital. Y en cuanto al I-Pad, lo que más me gusta es el desafío de trabajar con límites; en la cantidad de pistas, en las duraciones, etc. Eso te obliga a ir al punto.
P: ¿Cuál es ese "punto"?
CC: Genéricamente, que son mis obsesiones. El formato canción es algo que me incumbe, y aunque éste es un disco donde hay mucho trabajo tecnológico, creo que la canción está siempre presente. En ese sentido, me parece que es un pop electrónico. Es canción libre, pero ahí está.
P: ¿Cómo se transformaron esos jugueteos con la tablet en un disco y por qué con Melero?
CC: Yo había trabajado con él hacía muchos años. Cuando empecé a tener el material me dieron ganas de llamarlo. Lo encontré divino, activo. Empezamos a trabajarlo, mandándonos cosas por internet, juntándonos una vez por mes. Y se fue armando. Son trece tracks en el que estamos nosotros dos: Daniel en voz y sintetizador y yo con el piano, el sinte, la programación y la tableta. Y sumamos a Nina Polverino en voces para algún tema, a Yul Acri en producción sonora y sintetizador y a mi hijo Ezequiel en coros. Ya lo tocamos en vivo en la Biblioteca Nacional y ahora tenemos el concierto del SHA.
P: Usted ha circulado por muchos mundos musicales distintos, con sus propios proyectos o siendo parte de otros ajenos, haciendo música por encargo y para publicidad. ¿Cuánto es parte de su trabajo y cuánto su propio gusto?
CC: Para mí, todo es laburo y yo a la vez. Me gusta la música como hecho cotidiano. Voy al estudio todos los días. Garabateo cosas como un pintor. Esa rutina es la que me arma la existencia; si no tengo eso me siento incompleto. Ahí voy madurando ideas, me salen cosas que a veces desarrollo y otras veces abandono, a lo mejor para retomarlas tiempo después. En verdad, creo que soy un vago por excelencia; entonces eso de trabajar como costumbre me es ordenador; reivindico la rutina. Al revés de lo que se puede pensar quizá: me gustaría tener muchos más encargos. Hacer más música para cine, por ejemplo.
P: Sus canciones no siempre tienen el formato tradicional y suelen moverse mucho sobre los climas sonoros. ¿Cuándo siente que está terminada como para abandonarla y pasar a otra cosa?
CC: Es una frase hecha, pero lo cierto es que sencillamente en algún momento las abandono. Nunca está terminada una canción; si uno sigue, siempre habrá algo para cambiar, para corregir. Me parece que, en definitiva, siempre escribimos la misma canción. Si uno escucha a Juan Sebastián Bach o a tantos otros grandes, se da cuenta de que lo que hacen esos tipos es llevar su canción a lo máximo, pero siempre circulan sobre lo mismo. Son las ideas que te van guiando, como alguien que te va dictando desde adentro.
P: Y de todo lo que compone, ¿cómo decide qué merece ser parte de un disco y ser mostrado y qué no?
CC: Concretamente en este disco con Daniel, que fue un trabajo muy rico entre ambos, cuando arrancamos en 2013 tenía escritas tres horas de música. De eso quedaron 56 minutos. O sea que hay dos horas que sobraron y que nadie sabe qué destino tendrán. La elección, después de todo, es sensible más que racional. Es la sensación de que algo merece ir a un discos.
P: ¿Su futuro seguirá asociado a los límites del I-Pad?
CC: Por ahora sí. Me gustan otras cosas que me van saliendo y me parece que es algo que vino para quedarse.
Entrevista de Ricardo Salton


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