30 de noviembre 2016 - 23:57

Damrau, Coppola, Álvarez y Martel en el Colón 2017

• DIÁLOGO CON EL DIRECTOR ARTÍSTICO DARÍO LOPÉRFIDO SOBRE LA TEMPORADA QUE SE ANUNCIÓ AYER
La temporada incluye “Mahagonny” de Weill-Brecht en versión de Marcelo Lombardero, el estreno local de “La prohibición de amar” de Wagner, y “Giulio Cesare” de Händel según Pablo Maritano.

PROTAGONISTAS. Sofia Coppola (régie de “La Traviata”), Lucrecia Martel (régie de “Andrea Chénier”), Marcelo Álvarez (protagonista de “Andrea Chénier”). Arriba, Diana Damrau (recital de arias y dúos con Nicolas Testé).
PROTAGONISTAS. Sofia Coppola (régie de “La Traviata”), Lucrecia Martel (régie de “Andrea Chénier”), Marcelo Álvarez (protagonista de “Andrea Chénier”). Arriba, Diana Damrau (recital de arias y dúos con Nicolas Testé).
El Teatro Colón presentó ayer su temporada 2017. La oferta lírica abarca diez títulos: "Adriana Lecouvreur", el estreno argentino de "La prohibición de amar" de Wagner, "Giulio Cesare", "El caballero de la rosa", "Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny", "La traviata", "Tres hermanas", de Peter Eötvös, "Rusalka" y "Andrea Chénier", más "De materie", de Andriessen, en el Colón Contemporáneo. Entre los directores de escena se destacan Robert Carsen ("Caballero de la rosa"), Sofía Coppola ("Traviata") y los locales Rubén Szuchmacher ("Tres hermanas"), Pablo Maritano ("Giulio Cesare"), Marcelo Lombardero ("Mahagonny") y el debut de Lucrecia Martel ("Andrea Chénier"). Figuras como Angela Gheorghiu, Franco Fagioli, Marcelo Álvarez, Ermonela Jaho, Roberto Frontali, Ana María Martínez, Saimir Pirgu, Kurt Rydl y Alessandro Corbelli se destacan en los elencos, y en el podio lírico lo hacen Martin Haselböck, Alejo Pérez, Evelino Pidò y Donato Renzetti. Además, llegarán Diana Damrau y Javier Camarena para realizar conciertos junto a la Filarmónica de Buenos Aires. La oferta coreográfica abarca cuatro títulos ("Sylvia", "La fierecilla domada", "La bella durmiente" con Marianela Núñez y "Notre Dame de Paris"), y continúan el Abono Azul (Barenboim-Argerich) y el Verde (con Sergio Tiempo, Jessye Norman y Camarena). Dialogamos con Darío Lopérfido, director artístico del Colón.

Periodista: ¿Qué destaca de esta temporada?

Darío Lopérfido: La del 2016 tuvo unos momentos muy potentes, y me obsesionaba el poder mantener el nivel de sorpresa. Me entusiasma mucho estrenar una ópera de Wagner, me parece una locura. Es una obra muy curiosa, y ahí el sentido de novedad está cumplido: creo que la gente se va a sorprender mucho. "El caballero de la rosa" también es un hito, porque junto con "La prohibición de amar" es la entrada del Colón a las grandes ligas de las coproducciones. Eso da la posibilidad de tener a Robert Carsen. Tenerlo a él, a Alejo Pérez dirigiendo y a Manuela Uhl en el elenco garantiza un espectáculo de primer mundo. Me entusiasma la presencia de Angela Gheorghiu, que nunca cantó ópera aquí, y además cantando lo que está cantando en la Ópera de París, "Adriana Lecouvreur". También que Rubén Szuchmacher vuelva a la régie en el Teatro. Cuando yo asumí, dos directores dirigían cinco o seis óperas, y eso cambió radicalmente en mi gestión. Lo hablé con la Estable, y creo que el director no sólo tiene que dirigir bien sino que se tiene que entender con la orquesta. Este año debutó Pablo Maritano en el Colón, y con la ópera más difícil. Estoy tratando de cambiar también el panorama de los directores de escena. Hay que probar con gente con la que uno tenga mucha confianza. Creo que la "Traviata" de Sofia Coppola va a ser muy impactante.

P.: Para el 2017 convocó a Lucrecia Martel.

D.L.: Es una apuesta que me gusta, porque su mirada estética y su inteligencia me deslumbran. El compromiso con el que asumió la puesta de "Andrea Chénier", y cómo está trabajando, me lo confirman. La valoro por su cerebro y su sensibilidad artística. Es una buena temporada, cada vez es un poquito más larga. Me pone muy contento también el regreso de Marcelo Álvarez, de Franco Fagioli, de Alejo Pérez, gente a la que formó esta institución.

P.: ¿Y la de ballet? Llama la atención que sean sólo 4 títulos.

D.L.:
Vamos a hacer una temporada en el Gran Rex. La diferencia entre bailar mucho y bailar más títulos es grande. Lo que vamos a hacer es agregar títulos, si no se puede acá porque no entran en la temporada, en otros teatros del centro, porque me parece bien que el Ballet baile afuera, es una manera de mostrarse.

P.: De todas maneras hay un reclamo de la compañía de más funciones por cada título.

D.L.:
A mí me encanta que tengan esa inquietud. Es la puja de todos por el espacio. ¿Cuántas funciones haría de "Traviata" si pudiera? Veinte. No podemos porque es un teatro en el que conviven demasiados cuerpos. La Filarmónica también quiere tocar más. Este año tienen un título más en el abono, más los que son fuera de sede. Pero también tenía el pedido de la Estable, que quiere tocar en el escenario. Los montajes de ópera obstaculizan mucho el escenario. De a poco vamos corriendo el tiro. La Ópera de París tiene dos edificios. Nosotros tenemos que hacer todo acá, y está bastante apretado. Hay otras salas de concierto en Buenos Aires, pero no otras salas de ballet: el Ballet no puede bailar en la Usina. Yo comparto con los bailarines ese deseo, también me gustaría que hubiera más funciones, y de ópera también. Este Teatro está estructurado así, y es inusual: tiene dos orquestas, un ballet, mucha producción propia. El tironeo por el espacio va a existir siempre, y me parece muy noble.

P.: Si tuviera que hacer un balance de su gestión en el Colón hasta ahora, ¿qué autocrítica haría?

D.L.:
El momento en el que acepté ser ministro (de Cultura). Tenía la cabeza muy acá y me implicó algo que me hizo perder tiempo personal para mí acerca de mi calidad de vida y lo que me gusta hacer. Probablemente mi crítica más grande sea ésa. Yo estaba muy cómodo, y por acceder buenamente a los buenos pedidos y creer que era posible y resignar una parte de la vida, que es la vida privada, por hacer dos trabajos que exigen mucho, uno de ellos con una impronta mucho más política, quizás ese momento merecería una autocrítica. No le causé ningún perjuicio al Teatro, al contrario: hubo muchos ciclos que se hicieron con el Ministerio y fueron buenos para el Colón, aunque no para mí. Ahora me doy cuenta. Trabajo mucho como director artístico del Colón: estoy en los ensayos al piano, almuerzo con los directores de orquesta, sigo el día a día, me gusta ese trabajo un poco artesanal. Yo mismo me autoburlo porque pienso que la orquesta no va a sonar mejor porque yo vaya a comer con Ranzani y hablemos de los cornos, pero es algo que me gusta hacer y lo pude recuperar.

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