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Damrau, Coppola, Álvarez y Martel en el Colón 2017
• DIÁLOGO CON EL DIRECTOR ARTÍSTICO DARÍO LOPÉRFIDO SOBRE LA TEMPORADA QUE SE ANUNCIÓ AYER
La temporada incluye “Mahagonny” de Weill-Brecht en versión de Marcelo Lombardero, el estreno local de “La prohibición de amar” de Wagner, y “Giulio Cesare” de Händel según Pablo Maritano.
PROTAGONISTAS. Sofia Coppola (régie de “La Traviata”), Lucrecia Martel (régie de “Andrea Chénier”), Marcelo Álvarez (protagonista de “Andrea Chénier”). Arriba, Diana Damrau (recital de arias y dúos con Nicolas Testé).
D.L.: Vamos a hacer una temporada en el Gran Rex. La diferencia entre bailar mucho y bailar más títulos es grande. Lo que vamos a hacer es agregar títulos, si no se puede acá porque no entran en la temporada, en otros teatros del centro, porque me parece bien que el Ballet baile afuera, es una manera de mostrarse.
P.: De todas maneras hay un reclamo de la compañía de más funciones por cada título.
D.L.: A mí me encanta que tengan esa inquietud. Es la puja de todos por el espacio. ¿Cuántas funciones haría de "Traviata" si pudiera? Veinte. No podemos porque es un teatro en el que conviven demasiados cuerpos. La Filarmónica también quiere tocar más. Este año tienen un título más en el abono, más los que son fuera de sede. Pero también tenía el pedido de la Estable, que quiere tocar en el escenario. Los montajes de ópera obstaculizan mucho el escenario. De a poco vamos corriendo el tiro. La Ópera de París tiene dos edificios. Nosotros tenemos que hacer todo acá, y está bastante apretado. Hay otras salas de concierto en Buenos Aires, pero no otras salas de ballet: el Ballet no puede bailar en la Usina. Yo comparto con los bailarines ese deseo, también me gustaría que hubiera más funciones, y de ópera también. Este Teatro está estructurado así, y es inusual: tiene dos orquestas, un ballet, mucha producción propia. El tironeo por el espacio va a existir siempre, y me parece muy noble.
P.: Si tuviera que hacer un balance de su gestión en el Colón hasta ahora, ¿qué autocrítica haría?
D.L.: El momento en el que acepté ser ministro (de Cultura). Tenía la cabeza muy acá y me implicó algo que me hizo perder tiempo personal para mí acerca de mi calidad de vida y lo que me gusta hacer. Probablemente mi crítica más grande sea ésa. Yo estaba muy cómodo, y por acceder buenamente a los buenos pedidos y creer que era posible y resignar una parte de la vida, que es la vida privada, por hacer dos trabajos que exigen mucho, uno de ellos con una impronta mucho más política, quizás ese momento merecería una autocrítica. No le causé ningún perjuicio al Teatro, al contrario: hubo muchos ciclos que se hicieron con el Ministerio y fueron buenos para el Colón, aunque no para mí. Ahora me doy cuenta. Trabajo mucho como director artístico del Colón: estoy en los ensayos al piano, almuerzo con los directores de orquesta, sigo el día a día, me gusta ese trabajo un poco artesanal. Yo mismo me autoburlo porque pienso que la orquesta no va a sonar mejor porque yo vaya a comer con Ranzani y hablemos de los cornos, pero es algo que me gusta hacer y lo pude recuperar.



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