Dan Brown lleva ahora a recorrer Washington

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A pesar del intenso frío, los guías turísticos tuvieron que cambiar sus recorridos. «Desde que salió la nueva novela de Dan Brown, los visitantes ya no piden ir a la Casa Blanca para ver si se asoma Barack Obama o alguien de su familia; ahora todos quieren ir a recorrer los lugares de la Masonería que se mencionan en 'El símbolo perdido' y no quiero pensar lo que va a ser cuando comience la primavera», comenta por teléfono Robert «Bob» Stewart, guía turístico de Washington DC.

Como ocurrió en París, donde hubo quienes peregrinaban por los lugares citados en «El Código Da Vinci», como pasó luego (un poco menos) con los tours por la Roma y el Vaticano de «Ángeles y demonios», ahora está sucediendo lo mismo con «El símbolo perdido», la nueva aventura de la saga del profesor de Simbología Robert Langdon, ese investigador de signos esotéricos que, luego de dos películas, ya se lo imagina con la figura y la voz de Tom Hanks.

Como en sus libros anteriores, Dan Brown ofrece al pasar una guía de lugares raros, inesperados, poco conocidos, y, cuando entra en lugares como el Capitolio, que son parte del atractivo turístico habitual de Washington, es para señalar imágenes que sorprenden, hablar de pasillos secretos y ámbitos vedados para el común de los mortales. Por ejemplo, nos hace observar que en el fresco que decora la Rotonda del Capitolio está George Washington ascendiendo a los cielos junto a las diosas Libertad y Victoria, o destaca un mural que muestra a George Washington con indumentaria ritual masónica fundando la capital de los Estados Unidos en el Monumento Masónico al Padre de la Patria en Virginia. Frente al enorme mapa de la ciudad que hay en la Freedom Square, observa que, uniendo las cuatro plazas centrales por las avenidas que las conectan con la Casa Blanca, se forma una ritual estrella de cinco puntas; o que, al unir la Casa de Gobierno con los más importantes centros masónicos, se forma una pirámide semejante a la masónica «pirámide con el ojo que todo lo ve» del billete de un dólar. En medio de una acción que busca que sea trepidante, de un suspenso que tiene la intención de hacer pasar las páginas sin parar, Brown va señalando, como condimento de su telenovelesca aventura, «una ciudad escondida a plena vista, que exuda un poder casi místico», revelando el secreto que guardan algunos edificios, el propósito de ciertas calles, la intención de importantes monumentos, construcciones que están todas vinculadas a la Masonería, esa organización secreta que tanto tiene que ver con los símbolos del albañil al arquitecto, y que se ha definido como «iniciática, filantrópica y filosófica», y según Dan Brown, «no es una organización secreta, sino una fraternidad con secretos».

Desde que en setiembre salió a la venta en Estados Unidos, «El símbolo perdido» no dejó de estar una semana en los puestos más altos de la lista de best sellers en buena parte del mundo. El día de aparición vendió sólo en Estados Unidos un millón de ejemplares, que se comenzaron a sumar a los más de 80 millones que llevaba vendidos de sus libros anteriores y con los que, de modesto profesor de idioma, Dan Brown pasó a escribidor multimillonario. En la Argentina «El símbolo perdido» sigue desde hace meses inamovible a la cabeza de «Los más vendidos», estableciéndose como el libro número uno de las vacaciones en ficción, o mejor, de «literatura de evasión», dado que ofrece una entretenida aventura que hace regresar a las lecturas de la adolescencia (aquellas donde siempre sentía que uno aprendía algo) sin dejar de traer a la memoria algunas películas de acción y suspenso, y a las más enmarañadas series de cable.

El Código de Washington

Peter Salomon
, el magnate que ayudó en su carrera al profesor de Simbología de Harvard Robert Langdon, le ruega que dé una conferencia sobre símbolos masónicos en una sala del Capitolio. Salomon es Gran Maestre de la Masonería. Cuando Langdon llega, en vez de conferencia, se encuentra con un mensaje macabro: la mano de su amigo talada, en el piso, que señala un mural en el techo donde George Washington, primer presidente de EE.UU. y masón, asciende a los cielos.

Mal'akh, el hombre que secuestró y mutiló a Salomon, que llegó con engaños a Grado 33 en la Masonería, quiere que Langdon le entregue un objeto poderoso que Salomon le dio en custodia y descifre un antiguo código secreto que da poder y transforma a quien lo posee, de lo contrario «causará una catástrofe de la que Estados Unidos no se recuperará». Langdon, con 12 horas para intentar salvar a su amigo y destruir a su enemigo, se ve arrastrado a un remolino de aventuras y misterios: descifra acertijos, analiza cuadros, descubre viejas historias, lucha con y contra la CIA, refiere secretos y propósitos de los masones, y discute las teorías de Katherine, la hermana de su amigo, que investiga la «ciencia noética» para recuperar «saberes» del pasado que demuestran que el espíritu humano actúa sobre la materia. Es decir, un relato con los condimentos que Dan Brown tiene acostumbrados a sus seguidores.

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