23 de octubre 2009 - 00:00

Das Neves: votos, oro negro y un cacique “paralelo”

Mario Das Neves
Mario Das Neves
Mario Das Neves despegó, luego de múltiples amagues, de los Kirchner. Horas después de una cita a solas con Eduardo Duhalde, como coronación de una metralla contra la Casa Rosada, le ordenó a los legisladores que le responden que abandonen el espacio K.

La retirada del gobernador de Chubut es, de todos modos, parcial. De los siete legisladores del PJ, sólo dos diputados y un senador, se apartarán de los bloques oficialistas. Los cuatro restantes continuarán en las bancadas que responden a la Casa Rosada.

Con eso, Das Neves se convierte en el segundo gobernador peronista que rompe formalmente con los Kirchner. El anterior fue el cordobés Juan Schiaretti: los legisladores cordobeses abandonaron hace tiempo los núcleos del kirchnerismo para saltar al PJ disidente.

No es el caso del chubutense. Sus delegados tendrán un bloque autónomo, llamado Dignidad y Trabajo, que -según precisó el gobernador- pivoteará entre el ultrakirchnerismo y los ultraopositores: «Apoyará lo que tenga que apoyar y discutirá lo que haya que discutir».

Los vaivenes entre la Casa Rosada y el chubutense se explicitaron durante el conflicto del campo cuando Das Neves expuso posturas contrarias al Gobierno nacional y dejó de participar de los actos convocados por Kirchner en apoyo de la Resolución 125.

La tensión se agudizó tras el 28-J. El gobernador fue uno de los caciques del PJ promotores de rediscutir la jefatura partidaria -luego de la renuncia de Kirchner a la presidencia- y conformar una Comisión de Acción Política. Ese operativo descarriló.

-¿Qué pasó con la idea de reorganizar el partido?- se le preguntó a Das Neves.

-Nada. Al final, nadie se anima. Kirchner le prestó un ratito la llave a Scioli y después se la sacó.

Aquella embestida del chubutense fue la continuidad de una jugada más amplia: el 28 de junio, a las 18.01, Das Neves lanzó su candidatura presidencial para el 2011 como parte de un proceso de distanciamiento de los Kirchner, que se profundizó con la derrota del patagónico.

La furia del ex presidente se expresó pocos días después. El 13 de julio, de regreso de El Calafate, Kirchner aterrizó el Tango 01 en Puerto Madryn donde cenó con el intendente local, Carlos Eliceche y un puñado de dirigentes del peronismo chubutense.

Das Neves estalló y bramó, como nunca, maldiciones contra el patagónico. Mordaz, Kirchner se había declarado «amigo» del gobernador y, además, había elogiado su gestión. «Es un hipócrita. Nunca fuimos amigos», alimentó la novela el mandatario de Chubut.

El paso siguiente fue silencioso. Norberto Yahuar, que en 2008 abandonó el gabinete de Das Neves, y luego fue «rescatado» por Kirchner que lo hizo designar como subsecretario de Pesca para que, desde allí, encare lo que los K llaman una «gobernación paralela».

Yahuar, que durante años fue la mano derecha de Das Neves, opera desde hace tiempo como una ventanilla nacional en Chubut. «¿Algún gobernador quiere cortarse solo? Que miren lo que le pasa a Das Neves en Chubut con Yahuar» dijo un funcionario con despacho en Casa Rosada.

Hay un dato más: Eliceche es, según los que orbitan a Kirchner, la figura para disputarle al sector de Das Neves la gobernación en el 2011. Otros dicen que esa butaca está reservada para Marcelo Guinle. Curiosidad: ese senador se negó a abandonar el bloque K.

En paralelo, el chubutense inició un abierto acercamiento con Duhalde a quien invitó el miércoles pasado a Puerto Madryn y le sirvió la tarima para que el lomense repita su rap explosivo contra el patagónico.

Sin embargo, la pulseada entre Kirchner y Das Neves excede la política. En Casa Rosada, siempre conspirativos, entrevén detrás de la rebeldía del chubutense la presencia de grupos empresarios en la provincia ligados al negocio de los hidrocarburos.

La cesión, en Chubut, de áreas de explotación petrolera a una firma Andes Energía, de José Luis Manzano y Daniel Vila, apareció en el radar de la Casa Rosada cuando Das Neves regateó el respaldo de sus legisladores para la aprobación de la ley de medios K.

La lectura lineal del Gobierno es que el rechazo de Das Neves respondía a su empatía con Vila-Manzano, dueños del grupo Uno y activos opositores al proyecto oficial. Al final, esas sospechas fueron vanas: los chubutenses dieron su OK a la reforma.

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