Ariel Hernández (que para el disco decidió firmar sólo con su apellido) se debate entre Ástor Piazzolla y el jazz, entre el tango tradicional y las búsquedas vanguardistas, entre el ritmo bailable (poco, en verdad) y la sala de concierto, entre las músicas incidentales (como bandas de sonido cinematográficas) y la forma canción aunque sin letras.
Su historia personal da cuenta de un espíritu inquieto y ecléctico. Vivió en Europa y recorrió muchos escenarios del mundo. Tocó con una lista muy variada de artistas que incluyen a Paquito D'Rivera, Amelita Baltar, Vicente Amigo, Rubén Juárez, Luis Alberto Spinetta, Catupecu Machu o la Bersuit. En lo personal, cada vez que salió al frente con sus propios proyectos, prefirió el formato camarístico, sobre todo el del cuarteto; y así grabó su anterior álbum "Tango Groove".
Para este nuevo trabajo insistió con la pequeña orquesta aunque algo más ampliada. Hay aquí un pianista (Martín Robbio), un baterista (Demián González), un bajista/contrabajista (Juan Fracchi), una violinista (Paloma Bica) y dos guitarristas que completan el cuadro de lo acústico y lo eléctrico, a veces con guitarra slide o con charango (Ignacio Basile y Sebastián Barbui). "Summer Tango", que bien puede escucharse todo el año, es un disco apuntado sobre todo a los interesados en la salida del tango de los armarios. Está impecablemente bien hecho y bien tocado y logra muchas veces una alta tensión dramática. Tiene sorpresa y no reniega de sus orígenes. Vale la pena.
| Ricardo Salton |



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