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De cómo un policial paraguayo se abre camino a Hollywood
Lali González, coprotagonista, Tana Schembori, codirectora, y Nico García, uno de los malos de la película “7 cajas”, que se estrena mañana.
Periodista: "7 cajas" transcurre durante un día de 2005 en el Mercado 4 de Asunción. ¿Es que se basa en algún hecho real de aquella época?
Tana Schembori: No, eso es porque en 2005 llegaron los primeros celulares con cámara filmadora y también se disparó el dólar, que son dos hechos claves de la historia. Pero ahí nunca pasó un hecho de violencia como el que contamos.
Nico García: Cuanto mucho, una vez un chino cortó a su mujer en pedazos y los fue tirando por diversas partes de Asunción. La cabeza apareció cerca del Mercado.
P.: En la película se oye un rap que dice "Mercado 4, acá una sola vida tiene el gato".
Lali González: No es tan así. Salvo una parte que le dicen "añá retai", pasillo del diablo.
T.S.: El 4 es un lugar mágico, donde uno encuentra lo que más quiere comprar, o lo que menos espera. De día hay mucha gente de trabajo. De noche también, incluso hay cambistas nocturnos, aunque circula más la droga.
P.: ¿Cómo decidieron ambientar ahí la historia?
T.S.: Con mi socio, Juan Carlos Maneglia, hacíamos un programa de investigación, "El ojo". Visitamos el Mercado y a él le pareció fantástico para un policial. Así que primero fue el lugar y luego la intriga y los personajes. Pero el guión se fue concretando muy de a poco, igual que la obtención de fondos. Nuestra ocupación principal es la tele (comedias, críticas a quienes viven de apariencias, unitarios sobre problemas de conducta que una Ong usa para discusiones en barrios marginales, etc.) y la publicidad, que ahora hacemos menos. Aparte, yo dirijo teatro.
P.: ¿Es cierto que le robaron el primer manuscrito?
T.S.: Si. Olvidando que lo tenía en el asiento trasero, Juanca prestó el auto a una asistente. Ella estaba esperando a alguien y de pronto la asaltaron. El es muy bueno, pero ese día lo sentí putear de rabia. Buscó rescatar el manuscrito, y algunos por teléfono le pedían plata. "Leeme la primera página", decía, y, por supuesto, no lo tenían.
N.G.: Después el auto apareció. En Ciudad del Este.
T.S.: Y él reescribió la historia, agregó nuevas experiencias y aprendió a hacer copias de seguridad. Creo que salimos ganando. Yo lo ayudé en la estructura, y Tito Chamorro, nuestro habitual compañero de viaje, aportó la filigrana del habla y los hábitos populares, de los que es gran conocedor. Acá se ve con subtítulos, porque casi todo está en yopara (mezcla de castellano y guaraní), al que los del Mercado suman una jerga propia, para que no entiendan los clientes.
P.: ¿Cómo surgieron los intérpretes?
T.S.: Algunos son de nuestra propia escuela de actuación, Tia, para gente de teatro que deba enfrentar las cámaras. Otros son de El Estudio, y el protagonista, Celso Franco, es de un grupo juvenil del interior del país. Sabe actuar, sabe guaraní, la cámara lo ama. Lo mismo Lali González, coprotagonista, modelo, formada en un colegio bilingüe, que se transformó para el papel.
L. G.: Ya venía medio bronceada, me oscurecieron el pelo, le quemaron las puntas con un encendedor, y justo por un cambio de horarios estaba comiendo mal, me salían granos, eso me ayudó a parecer una adolescente. Y una chica del Mercado me enseñó su forma de hablar, llevar la carretilla, pararse. Una chica de carácter fuerte, bien "cuñá Paraguay" (mujer paraguaya), que antes de los 18 años había pasado tantas cosas feas en su vida y aún así sonreía. Eso nos inspiraba a contar las cosas de un modo nada victimizante.
T.S.: El paraguayo se ríe de sus desgracias.
L.G.: Precisamente, lo que marca la diferencia entre "7 cajas" y otras películas latinoamericanas de ambiente popular es que usa el humor para decir ciertas cosas, y no pinta a los pobres como meras víctimas.
T.S.: Damos una doble lectura. Una obra de entretenimento que funciona como espejo solapado de ciertos problemas sociales, y donde nadie es del todo bueno ni del todo malo, alguien lucha por su hijo enfermo pero tiene mal corazón, otro es un asesino pero amable, capaz de invitarte a un asado, los policías son seres humanos con gran sentido de la amistad. Eso es la vida, y también el chico obsesionado por aparecer en pantalla. Nos gusta vernos y saber cómo nos ven. La gente se identifica con todo eso, en nuestro país y en dondequiera mostramos la película, que ya estrenamos en EEUU, Brasil (lleva 13 semanas), España y otros países, y la compraron HBO y Netflix.
P.: ¿Es cierto que harán remakes en EEUU y la India?
T.S.: Lo único que pedí es que me lleven a ver el rodaje en la India. Estoy muy curiosa. Y le tengo más fe que a la otra.
P.: Última pregunta: ¿cómo se conocieron usted y Maneglia?
T.S.: El era el niño prodigio del audiovisual en el colegio "Cristo Rey", justo frente al "Corazón de María", donde yo iba. Todos los años se cruzaba a pasarnos "Sissi" en 16 mm. Un día trajo un corto suyo en VHS, algo sorprendente. Y yo, que organizaba puestas de teatro estudiantil, me dije "si este muchacho puede, yo también". Empecé a trabajar con él en 1990, es muy buena persona, siempre dando todo lo que sabe, y desde entonces trabajamos juntos. Yo más con los actores y la puesta, él como que tiene una cámara en el ojo, pero también sabe manejar a los actores.
P.: Así culminaron en "7 cajas".
T.S.: Culminación no, éste es el inicio. Ahora Juanca está elaborando el guión de otra película, que será sobre los tesoros escondidos durante la guerra, cuidados por un perro sin cabeza, y esas historias. ¿Qué hay en las 7 cajas? ¿Qué hay en esos cofres escondidos? Pero ya me dijeron que la segunda película es más difícil de hacer que la primera.
Entrevista de Paraná Sendrós


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