En la pasteurizada versión de comedia romántica «El año que viene a la misma hora», Adrián Suar reitera su comicidad a la Francella mientras Julieta Díaz se mueve entre el drama y la comedia con el mismo compromiso y convicción.
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«El año que viene a la misma hora» de B.Slade. Dir.: M. Carnevale. Int.: A.Suar y J.Díaz. Esc.: J.Ferrari. Vest.: P. Ramírez. Ilum.: O.Possemato. (Teatro Maipo).
Algunos nostálgicos extrañarán la película de Robert Mulligan (de 1978) en la que Ellen Burstyn (premiada en Broadway por ese mismo papel) daba vida a Doris, una sencilla ama de casa de los años 50 que evolucionaba con el tiempo hasta convertirse, a fines de la década del 70, en una mujer activa y dueña de sí misma. Pero, difícilmente alguien recuerde la deslucida actuación de Alan Alda, como el neurótico contador que durante más de dos décadas será el amante de Doris, aunque sólo por un fin de semana al año. Más allá de sus logros o desaciertos esa versión fue considerada un hito de la comedia romántica.
Marcos Carnevale (director de contenidos de Pol-ka producciones) adaptó en colaboración con Lily Ann Martin esta pieza de Bernard Slade y la llevó a escena conforme a un modelo televisivo. Desde la dirección actoral, orientada a subrayar gags e ignorar las contradicciones de los personajes, hasta la escenografía (con un diseño muy actual e invariable en los seis actos) y el diseño de iluminación (que parece ideado para cámaras de video), todo apunta a que el espectador se entretenga y esté en estrecho contacto con dos reconocidas figuras de la pantalla chica.
Adrián Suar y Julieta Díaz se comportan como dos amantes cariñosos y desinhibidos. Se miran y se tocan en todo momento, pero lo que prima entre ellos es una alegre camaradería. Pese a su notoria complicidad queda claro que la química de esta pareja no pasa por el sexo.
Los fans de Suar no saldrán defraudados, su personaje de «chico de barrio» torpe, tierno e impulsivo es igual al «Tenso» de «Un novio para mi mujer». Como en la película de Juan Taratuto, Suar se las ingenia para esquivar las situaciones más dramáticas apoyándose en el oficio de su compañera. El actor cultiva una comicidad al estilo de Francella que es celebrada en todo momento (además el guión lo «favorece» con un par de escenas de baile que le permiten payasear a sus anchas).
Díaz, en cambio, se mueve entre el drama y la comedia con el mismo compromiso y convicción. Si bien su metamorfosis está definida por los cambios de peluca antes que por su lenguaje corporal, la actriz pasa de jovencita ingenua a chica sexy, y de mujer inculta a empresaria exitosa (y abuela elegante) con apreciable naturalidad.
La presente versión transcurre entre 1973 y nuestros días, y cada encuentro (28 años resumidos en seis saltos temporales) está precedido, al igual que en el filme de Mulligan, por proyecciones con personajes y hechos significativos de cada década. Pero en este caso la selección resulta algo caótica y reiterativa con un marcado predominio de la farándula (en especial figuras de Canal 13).
Por sus características mediáticas y su cándida historia de amor es probable que «El año que viene a la misma hora» tenga muchas más chances entre el público femenino. Dada la espontaneidad y buen corazón de Juan y Doris, sus opiniones sobre la infidelidad, los valores familiares o las diferencias de género difícilmente abran polémica, debido a que tienen la misma importancia, dentro de la obra que la operación de senos a la que se somete la protagonista.
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