La dirigencia sindical descree que el encarcelado exfuncionario vaya a convertirse en “arrepentido”. Su rol en la alianza con Hugo Moyano.
Hugo Moyano y Oscar Lescano.
La detención de Julio De Vido no dejó indiferentes a los líderes de la CGT. Es que el exministro de Planificación fue durante casi una década el principal interlocutor entre las gestiones de Néstor y Cristina Kirchner y el sindicalismo tradicional. Sobre todo con Hugo Moyano y los gremios del transporte, así como los de la energía. La mayoría de ellos desplegaba ayer -en obvia reserva- palabras elogiosas respecto del funcionario caído en desgracia, una delicadeza poco usual en el rubro, que no evitó que diputados de extracción sindical como Héctor Daer y, sobre todo, Facundo Moyano votaran por su desafuero.
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Los gremialistas siempre reconocieron en De Vido a uno de los pocos "peronistas auténticos" de los gabinetes kirchneristas. De hecho el arquitecto fue dirigente del Cepetel, el sindicato de profesionales de las telecomunicaciones, y el primero en entender que Néstor Kirchner debía soldar una alianza con espacios estratégicos de la CGT para asentarse en el Gobierno y no tropezar con la protesta callejera. Apenas asumió, en 2003, puso debajo suyo en la Secretaría de Transporte a dirigentes: a Moyano le cedió la Subsecretaría de Automotor, a cargo de Jorge González; a Omar Maturano, de La Fraternidad, la de Ferroviario; y a Ricardo Cirielli, la de Aeronáutico.
De hecho, la intervención de De Vido fue decisiva para la concreción de la primera unificación que tuvo la CGT en la década pasada. Lo hizo como principal invitado a una cena que organizó el fallecido líder de Luz y Fuerza Oscar Lescano con los principales referentes de los sectores hasta entonces en pugna: Moyano, por un lado, cobijado en el entonces superministro, y del otro Armando Cavalieri, Carlos West Ocampo y José Pedraza. De esa comida surgió, en 2004, un primer triunvirato que conduciría por el siguiente año la central obrera, con Moyano, José Luis Lingeri y la dirigente de Sanidad Susana Rueda.
Ese mismo año, un llamado del ministro inauguró la carrera sindical y política de Facundo Moyano, uno de los hijos de Hugo, el mismo que ayer levantó la mano para desaforarlo. Fue un favor al padre de familia para que su hijo ingresara a trabajar a la concesionaria vial Coviares, desde donde comenzó a operar para fundar dos años después su propio gremio, Supta, y desplazar la representación que hasta entonces ostentaba Uecara en esos corredores. Tanto fue el lazo que hasta uno de los hijos del exfuncionario ahora encarcelado, Santiago, también arquitecto, trabajó para el sindicato de Camioneros en la proyección de obras edilicias.
Los inmensos subsidios al transporte automotor, de pasajeros y de cargas, y al sector energético para mantener congeladas las tarifas fueron el combustible necesario para la continuidad de esa alianza entre De Vido y los sindicatos de ambos sectores hasta por lo menos 2011, cuando se quebró el vínculo entre Cristina de Kirchner y Moyano, aunque su salida definitiva de escena se concretó recién en 2013 con el ascenso de Axel Kicillof en el gabinete nacional.
Desde entonces, De Vido congeló su relación con los sindicatos como reflejo de su obediencia ciega a Cristina. Los dirigentes que hasta ese momento comían y compartían largas veladas de discusión política con el funcionario se sorprendieron de su repentino ostracismo. Sobre este aspecto los gremialistas coinciden: aunque había sido degradado por la entonces mandataria jamás habló mal de ella. Aceptó su marginamiento y abandonó el rol de interlocutor.
Aquella actitud les permite a los sindicalistas apostar que De Vido no será el arrepentido que sus rivales políticos anhelan. Un poco porque, al igual que otros exfuncionarios apresados, como Ricardo Jaime o José López, pocos creen que el exministro decidiría autoincriminarse con la revelación de supuestos hechos de corrupción que pudiesen tenerlo como protagonista. Pero, más aún, advierten que De Vido es un militante peronista y de la vieja escuela, a la cual le asignan códigos de lealtad como los expuestos durante su largo paso por la función pública.
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