1 de marzo 2016 - 00:00

De Zuviría y López: dos miradas complementarias

Del portfolio “Tristes trópicos” de Marcos López (fotografía 51 x 40), integrante de la exposición “Contradicciones urbanas”.
Del portfolio “Tristes trópicos” de Marcos López (fotografía 51 x 40), integrante de la exposición “Contradicciones urbanas”.
 Desde la semana pasada en la galería Rolf, Facundo de Zuviría y Marcos López comparten "Contradicciones urbanas", una muestra en la que exhiben alrededor de 45 imágenes. A pesar de los estilos decididamente distintos de ambos fotógrafos, la curadora de la muestra, Florencia Giordana Braun, logra establecer un diálogo. El recorrido de la exposición pone en evidencia dos maneras diferentes de ver el mundo. De Zuviría recorre la ciudad como un arqueólogo, va en busca de los restos de una belleza que ha quedado muy atrás. Y mira la ciudad con entrañable nostalgia. López descubre, por su parte, una ciudad escenográfica pero real, que parece posar para él y así mantener vigente su hilarante y constante humor.

De Zuviría y López son amigos, disfrutan de este cordial encuentro en Rolf mientras recuerdan que en el año 1982, juntos con July Méndez Ezcurra, la autora de una memorable foto de Borges con un jazmín en el ojal, presentaron una muestra en la antigua casa Pardo de San Telmo. Nadie vendía una fotografía en ese entonces. De Zuviría cuenta que llevó tres botellas de vino para servirlo en la vernissage y agrega que sobraron dos.

Para el reencuentro, la talentosa Méndez Ezcurra ha muerto, y los amigos presentan obras que rara vez mostraron en la Argentina. Las "Estampas porteñas" de De Zuviría pertenecen a los años 80 y 90, rescatan vidrieras de peluquerías, negocios y bares. Las imágenes, si bien están pobladas de maniquíes que expresan un grado cierto de deshumanización, ponen en primer plano la estética de los mensajes publicitarios de los barrios pobretones pero dignos. La baja condición social se vislumbra enaltecida por la elegancia de las fotos.

"Tristes Trópicos"

Por su parte, en la serie de paisajes "Tristes Trópicos" de los años 90, la cámara de López encuentra aspectos ridículos, cursis, patéticos y una fealdad que no está reñida con la gracia. Con estas cualidades sus imágenes alcanzar una identidad inconfundible. Ambos, De Zuviría y López, interpretan ópticamente la realidad urbana y retratan con aguda sensibilidad, realidades diversas aunque verdaderas y, de algún modo, a la vez, conmovedoras.

En el texto que presenta la muestra, el editor y curador francés Alexis Fabry y su colega colombiana, María Wills, describen las improvisadas expresiones de la estética urbana de nuestro país y los temas que abordan ambos fotógrafos, cuando dicen: "La riqueza de la gráfica popular, relacionada con el comercio y la publicidad de la metrópoli tienen una personalidad propia cuya recargada estética se destaca desde la fotografía. Ornamentaciones, rótulos y tipografías realizadas sin ningún tipo de especialización en diseño y, por el contrario, aprovechando el potencial artesanal de la mano de obra local (que es casi siempre autodidacta), habilita una belleza naïf a la que se suman originales vitrinas con clasificaciones absolutamente exóticas de la más variada gama de productos. Así, el transeúnte choca con un eclecticismo inherente a las raíces del continente, que sin conflicto alguno permite saltar de un tema a otro, en un mismo campo o categoría".

Las fotos de De Zuviría tienen la cualidad del dibujo y en ocasiones del collage, condición engañosa que proviene de la realidad, retratada con todos sus detalles. En la vidriera de una peluquería de barrio figura el nombre "Chiquita. Peinados", escrito con distintas letras cursivas entre estrellas doradas. La estética del cartel coincide con el dibujo en tinta negra de la cabeza de una mujer que se recorta sobre el vidrio. Los tonos ocres del cortinado acentúan la antigüedad de una toma que, si bien está fechada en la década del 80, parece provenir de un pasado remoto o lejano, difícil de volver a ver.

López es el autor del Pop Latino y demuestra el placer que le provocan los contrastes y la locura de su propia derivación estilística. Entretanto, a lo largo de la muestra se perciben los colores que identifican sus obras, como el amarillo chillón y disonante de una vieja camioneta pick-up estacionada frente a una inmensa y solemne cruz en la entrada de un cementerio de Salamone. El descarado contraste entre el presente y el llamativo vehículo que no pretende pasar inadvertido junto a esa arquitectura diseñada para la eternidad descoloca al espectador. En esta misma serie de autos viejos, cada modelo se ha ganado un color y, su estridencia, reverbera de un modo particular en el paisaje suburbano que lo rodea.

La fotografía aparece contaminada por la pintura desde sus orígenes; las imágenes de De Zuviría muestran un mundo cambiante que fragmenta y se deshace en reflejos; las del Pop Latino de López parodian la estrategia anglosajona y recuperan formas, colores, valores, de la propia cultura popular argentina. Ambos capturan con su lente un universo que llega al espectador con el afecto y la admiración que sienten por "lo nuestro"; los dos suplantan con un simple clic de la cámara y un ojo virtuoso el oficio de pintar, y además respetan los viejos procedimientos de la fotografía analógica. No hay photoshop ni manipulación digital en las imágenes de la muestra. La vuelta al soporte fílmico implica en este caso una garantía de que las fotos no son simulacros artificiales de la realidad, son representaciones genuinas de lo real.

Finalmente, nuestros fotógrafos salen a la calle con el corazón abierto y con el ojo indolente y curioso del flâneur, son herederos en pleno siglo XXI del personaje decimonónico de Baudelaire y del espectador urbano de Benjamin.

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