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Debates y planteos de cambios de staff, un clásico navideño
• El «reto» de Cristina y los interrogantes legislativos. Históricos y los ministerios duales
La presidente, Cristina de Kirchner inauguró ayer en la Casa Rosada, un pesebre réplica del que se está montando en el Vaticano.
Tras decir la frase, Cristina de Kirchner se aflojó, tal vez relajada por su propia comparación. Frente a ella estaba Sergio Berni, su secretario de Seguridad. En la calle ardía la crisis de los gendarmes y prefectos que enfrentó al Gobierno a un episodio inédito.
El funcionario, que había dado alertas sobre el conflicto, planteaba una serie de medidas para mejorar los salarios de los uniformados y desactivar el conflicto, lo que disparó el comentario de la Presidente. Berni no dijo nada ante la analogía que, íntimamente, le gustó.
Aquel estallido fue uno de los que desnudó la sucesión
de errores internos del Gobierno. Al desoído aviso de Berni le siguió una liquidación de haberes que, al verla, pronosticaba problemas. No fue mejor la posterior respuesta pública de Juan Abal Medina y de Hernán Lorenzino.
El ministro de Economía registró para el anecdotario de café, el «magnífico» con que calificó el discurso del jefe de Gabinete. Toda una postal: los voceros, Abal Medina y Lorenzino -el tercero fue Norberto Yauhar en Agricultura- fueron los únicos cambios que introdujo Cristina de Kirchner para su segundo mandato.
Luego Berni desembarcó en marzo como «sombra» de Nilda Garré en Seguridad y en junio Florencio Randazzo acaparó Transporte luego de la tragedia de Once. Castigos para la exfrepasista y para Julio De Vido, también diezmado por el avance de La Cámpora.
Ese equipo cumplió ayer un año y tuvo de la Presidente, un flaco reconocimiento cuando habló de goles en contra y de tener que atajar penales. La analogía fubtolística no acepta más que una lectura: la Presidente se confesó desprotegida o hasta atacada por su propio staff.
Pedidos
La metralla de conflictos que padeció el Gobierno en los últimos meses instalaron como lugar común, obviamente en voz baja, el atribuir los errores a los ministros y plantear la idea de cambios, una forma de evitar cargar la culpa sobre la Presidente.
En una cena de diputados del PJ días atrás la cuestión se habló con cuidada retórica: se preguntó si alguien sabía de futuros cambios de gabinete. El comentario parecía dirigido a Carlos «Cuto» Moreno, pero el diputado ultra K sólo hablaba de un tema: las desventuras judiciales de la ley de medios.
También se contó una anécdota según la cual la Presidente llamó a un dirigente, que tenía expectativas para ocupar un sillón y le planteó que para su segundo mandato quería funcionarios que trabajen sólo para ella y no que usen el cargo para potenciar sus figuras.
Se interpretó como una referencia a Aníbal Fernández, a quien los ultra K le reconocen capacidad de trabajo, pero le imputan tener demasiada autonomía. Esta última mancha no la portaba, según el relato, Abal Medina lo que le allanó la llegada a la Jefatura de Gabinete.
Casi un clásico navideño, entre peronistas K y en el Congreso, circula el interrogante sobre movimientos en el equipo de Cristina de Kirchner aunque aprendieron la lección: la difusión de un rumor suele funcionar de manera contraria a los deseos de sus difusores.
Lo sabe Héctor Timerman a quien, desde mediados de 2011 se anticipó que sería desplazado para el segundo mandato cristinista, pero todavía habita la Cancillería. O Julio Alak que reapareció en el radar aunque en el bolillero siempre le toquen las coreografías más odiosas.
Justicia fue, al igual que Economía, un territorio que opera con dualidad entre los ministros y sus vice, en el primer caso Julián Álvarez, en el segundo Axel Kicillof. Es permanente la versión de que los segundos avanzarán definitivamente sobre los primeros. Aún no ocurrió.
Lo mismo, pero con mayor intensidad, se especuló en Seguridad luego del episodio de los prefectos que le costó el cargo a Raúl Garré, hermano y mano derecha de la ministra. Sobre el cierre del año, el rumor volvió a andar aunque en Casa Rosada niegan cualquier cambio.
«No parece el mejor momento para hacer cambios» dijo un dirigente K con referencia a la batalla del 7D. En rigor, las versiones ponen como fecha más probable el mes de marzo. En el PJ legislativo susurran que Julián Domínguez iría a un sitio trascendente del gabinete.
Las hipótesis que incluyen a Alicia Kirchner y Randazzo en la boleta del FpV de octubre próximo operan a la inversa: el kirchnerismo jamás hizo renunciar a un funcionario para convertirlo en candidato. Incluso a muchos, Sergio Massa en 2005 por caso, ni los cambió luego de ser electos.
El foco se posa, por otro lado, sobre los dos históricos del gabinete: Carlos Zannini y Julio De Vido. Al secretario de Legal y Técnica los propios K le reprochan que no tuvo el protagonismo que se esperaba de él. «No se animó a ser lo que podría haber sido» dijo, existencial, un dirigente que lo frecuenta.
De Vido se desinfló con los meses, pero en la segunda parte del año recuperó influencia a partir del mandato presidencial de seducir a intendentes, en particular de provincias con relación tensa con la Casa Rosada, a lo que se dedicó con esmero.


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