15 de octubre 2010 - 00:00

Decreto exprés de Cristina para anular la suba al 82%

Cristina de Kirchner, ayer, durante un acto en el cual anunció el veto a la ley del 82% móvil. Un corte de luz dejó la sala en penumbras mientras pronunciaba el discurso.
Cristina de Kirchner, ayer, durante un acto en el cual anunció el veto a la ley del 82% móvil. Un corte de luz dejó la sala en penumbras mientras pronunciaba el discurso.
Cristina de Kirchner no dejó pasar ni un día para tomar la decisión de vetar la ley que establece el 82% móvil para los haberes previsionales: no bien recibió del Senado la comunicación de la sanción, anunció el veto. El decreto ya estaba preparado de antemano: Carlos Zannini lo redactó la misma noche del debate, y Aníbal Fernández adelantó la música del anuncio (vía Twitter), 15 minutos después de que Julio Cobos desempató la votación del Senado a favor de la oposición. Desde ese momento, el proyecto pasó a llamarse: ley de quiebra del Estado. No hacía falta mucho análisis para concluir que el centro de la argumentación del previsible decreto de veto estaría en la imposibilidad de pagar el aumento, que todo el Gobierno sostuvo a coro en los últimos meses.

Error inicial

Pero hubo otro argumento oficial para ese veto que partió de un error que la oposición sabía de antemano que estaba cometiendo: no incluir ninguna fuente de financiamiento en el proyecto. Lo había advertido Claudio Lozano durante el debate en Diputados cuando quiso impulsar su propio dictamen que si cumplía con ese requisito. El problema, más allá de la disponibilidad o no de fondos en la ANSES para afrontar el pago, es el incumplimiento a la Ley de Administración Financiera que exige identificar el financiamiento para todo gasto que no esté incluido en el Presupuesto nacional, que Cristina de Kirchner utilizó ayer como justificativo legal para vetar. «La ley me obliga», dijo con satisfacción.

La Presidente eligió un acto en la Casa Rosada, donde dio a conocer el otorgamiento de créditos para financiar la producción agropecuaria para anunciar el veto. Fue en un discurso ante empresarios, gobernadores y funcionarios: «Cuando se sanciona una norma que aumenta los egresos tiene que decirse de dónde viene el financiamiento», dijo y comenzó a hilvanar teorías sobre «intereses ocultos».

Ingenuo

«Basta de estafar al Estado. Basta. No soy tonta. Esto es de gente que tiene experiencia legislativa, ha gobernado provincias. Que digan que el año que viene vamos a ver cómo se financia me suena muy ingenuo. Lo que hay detrás es que los trabajadores vuelvan a poner sus recursos en el sistema privado», le dijo a la oposición, intentando así convertir en un triunfo lo que pocas horas antes había sido la mayor derrota del Gobierno en el Congreso desde el recambio legislativo de 2009.

Daniel Scioli, sentado entre el auditorio, salió enseguida a apoyarla: «Como gobernador doy mi respaldo a la Presidenta en el veto, porque no podemos de ninguna manera desfinanciar al Estado nacional, no podemos volver a caer en situaciones que sabemos todas las consecuencias dramáticas en lo económico, en lo social, que provocaron en nuestro país». No podían pedirle más los Kirchner al gobernador.

La decisión terminó con una de las estrategias centrales de la oposición en el Congreso. Y trajo un debate entre esos bloques que hoy comenzará a registrar víctimas: en el afán por aprobar el 82% se dejaron demasiados flancos libres a un Gobierno que, sabían de antemano, intentaría convertir el veto en un triunfo.

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