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Del bosque a las termas en Chillán
A través de cabalgatas se puede recorrer toda la región de las Termas de Chillán, con espectaculares vistas de la cordillera chilena.
Termas de Chillan (a 1.650 msnm) se ubica 80 kilómetros al este de la ciudad de Chillán y a 180 de Concepción, por la autopista del Itata, y la Ruta 5, en la región VIII, del Bío Bío. Allí, la caminata a Las Fumarolas es una de las más elegidas por los viajeros. Desde el Gran Hotel Termas de Chillán, poco más de cuarenta minutos de intensa subida -primero por calle, luego por un estrecho sendero- llevan hasta el primer cráter que emite vapores (el agua llega a los 95 °C) y fuerte olor a azufre. Siguiendo camino, algunos minutos más se llega a Las Fumarolas, como llaman a los baños termales y de barro natural que se forman en el suelo. Mucha gente va hasta ese sitio a pasar el día y otros tantos caminan aún más allá, hasta la zona conocida como Aguas Calientes, en busca de cursos de agua cálidos y fríos que allí se mezclan, lejos de la intervención del hombre y en medio de la cordillera.
El esfuerzo que puede demandar este trekking -que en el camino de vuelta ofrece una empinada bajada- tiene su compensación en la belleza del paisaje, las vistas panorámicas y el contacto con la montaña. Hay, claro, formas más sencillas de llegar. Una de ellas es a caballo y la otra, en invierno, a través de los medios de elevación y deslizándose por la nieve.
Otra compensación que pueden obtener los caminantes, ya de regreso en el Gran Hotel Termas, es el beneficio de los baños termales en las piletas cubiertas y abiertas o a través de masajes descontracturantes, sesiones de reiki o clases de yoga. El spa del hotel también ofrece múltiples tratamientos de belleza y rehabilitación.
Lengas, coíhues y robles son las principales especies arbóreas que rodean el complejo Termas de Chillán. Dentro de ese frondoso bosque de montaña se montó un circuito de canopy, con diez tramos y una altura que llega hasta los 25 metros. Otra forma de ejercitar y generar adrenalina es el arborismo, actividad que acaba de llegar a la región e implica el desafío de atravesar complicadas pasarelas, pasando de árbol en árbol, a más de 15 metros de altura y sujetado por alambres y arneses. No es una aventura apta para aquellos que sufren de vértigo.
El bosque chillanense también es un buen sitio para las cabalgatas, con excursiones que llevan por la espesura, a través de estrechos y empinados senderos. En el mismo escenario también se puede practicar canyoning, jugar al paint ball, o disfrutar de una cancha de golf de 9 hoyos.


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