Presuntos rebeldes libios atacaron la residencia del embajador de Venezuela en Trípoli, Afif Tajeldine. Antes de que el propio diplomático revelara el dato y dijera que el hecho se produjo cuando sólo se encontraba allí la guardia de seguridad, el presidente Hugo Chávez había indicado, erróneamente, que el ataque, que atribuyó a «hordas», había estado dirigido a la embajada nacional. «Hay que exigir derecho a la vida y a la integridad física de nuestro embajador y del personal que ahí trabaja. Y, segundo, respeto al territorio venezolano, porque ustedes saben que una embajada es territorio del país respectivo», había dicho.
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