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Denunció el Gobierno de Temer el ingreso masivo de armas a las cárceles
En tanto, varias ONG encendieron alarmas sobre las condiciones de precariedad en las que viven los reos.
Shock. Los ataúdes para los 56 muertos llegaron ayer a Manaos.
No obstante, crecían ayer las voces críticas a la situación del sistema penitenciario de Brasil, donde se destacan la convivencia entre bandas rivales, las condiciones precarias de los presidios y el hacinamiento.
"Todo esto es la consecuencia de un sistema fallido que no tiene cómo continuar", dijo Epitácio Almeida, presidente de la Comisión de Derechos Humanos de la Orden de los Abogados de Brasil (OAB), quien coordinó las negociaciones para la liberación de rehenes en la cárcel que fue escenario de la matanza. "Esto es algo que venía formándose desde hacía algún tiempo, el odio entre las personas aumentó", indicó.
Amnistía Internacional (AI) criticó la negligencia de las autoridades y el hacinamiento en las cárceles brasileñas y apuntó estos factores como corresponsables de la matanza.
Por su parte, la ONG Conectas aseguró que la tragedia "estaba anunciada" y volvió a sacar a la luz un informe publicado en 2016 por un organismo vinculado al Ministerio de Justicia, el cual ya había advertido sobre las disputas" y la "tensión" en el complejo penitenciario. También denunció la pésimas condiciones del sistema, así como la superpoblación carcelaria, que es considerada por las organizaciones de derechos humanos como una de las principales causas de los frecuentes motines en Brasil.
Según estimaciones oficiales, entre 2000 y 2014 la población carcelaria creció casi un 170%, alcanzando los 622.000 reclusos y colocando a Brasil en el cuarto lugar del mundo en número de presos, sólo superado por EE.UU., Rusia y China.
Brasil, sin embargo, tan sólo tiene 371.884 plazas carcelarias, por lo que alberga en sus celdas un 67,3% más de presos de lo que sería posible.
| Agencias EFE y DPA |


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