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Desgarrador lamento del hijo de un rehén muerto por las FARC
«Me cortaron las alas», dijo Johan Steven, de sólo 13 años, al enterarse de que las FARC habían ejecutado a su padre, el sargento Libio Martínez. Éste había sido secuestrado antes del nacimiento del niño, a quien nunca pudo conocer.
Siempre preocupado por su padre, el sargento del Ejército Libio Martínez, Johan Steven aparecía con frecuencia en la prensa para pedir a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) la libertad del militar por un motivo simple: quería conocerlo.
El cabo Martínez, ascendido a sargento estando en cautiverio, fue secuestrado por las FARC el 21 de diciembre de 1997 junto con 17 militares en un ataque contra una base de comunicaciones del Ejército en el departamento de Nariño (suroeste), fronterizo con Ecuador.
Casi 14 años después del secuestro, Martínez murió este sábado junto con otros tres rehenes cuando tropas militares entraron en combate con la célula guerrillera que los mantenía como rehenes. Los cuerpos tenían tiros de gracia, por lo que el Gobierno y la ONU, que calificó lo ocurrido de «crimen de guerra», hablan de asesinato.
Johan Steven nació pocas semanas después del secuestro y Colombia entera siguió de cerca su crecimiento. Primero en brazos de su madre cuando ésta rogaba a las FARC por la liberación. Después fue el propio niño quien asumió el pedido, muchas veces llorando.
De los 18 militares secuestrados ese día, el único que seguía en cautiverio era Martínez. Su mejor amigo, el sargento Pablo Emilio Moncayo, fue liberado el 30 de marzo del año pasado.
El padre de Moncayo, un profesor de colegio, se hizo conocido por hacer largas caminatas para exigir la libertad de su hijo, aunque dejó de aparecer en los medios cuando el sargento fue entregado.
Pero Johan Steven siguió figurando y, ya con la voz grave de los adolescentes, no se cansaba de pedir a los guerrilleros que lo dejaran conocer a su padre.
Hace dos años encabezó una marcha de 70 kilómetros con ese objetivo y se ganó la admiración del país. El sargento le escribió alguna vez un poema y le dijo en una prueba de supervivencia entregada por las FARC a los medios: «Usted es lo más importante de mi vida».
«Señores de las FARC: ustedes me rompieron las alas. No esperaba que ustedes me lo mataran, no esperaba que me lo mandaran en un cajón. Yo quería verlo, conocerlo, que me diera un abrazo», dijo Johan Steven mientras esperaba el cadáver de su padre en una base militar.
Sin el llanto que era usual en sus declaraciones de niño, el hijo del rehén que llevaba más tiempo en poder de las FARC siguió sacando fuerzas para que la voz no se le quebrara: «A mi padre le quiero decir que lo quiero mucho, que desde el cielo me mande mucha fortaleza y que voy a rogar por su alma para que papito Dios lo reciba».
«A las FARC que, por favor, liberen a los demás secuestrados, que no hagan que niños como yo suframos esta guerra. Yo les pido que suelten esas armas que acabaron con la vida de mi padre y tres personas más. A los (secuestrados) que están en la selva les digo que son unos héroes, que mucha fuerza muchachos», añadió.
Los otros rehenes que recibieron los disparos junto con Martínez, que tenía 35 años, son el coronel Édgar Yesid Duarte, el capitán Elkin Hernández (secuestrados el 14 de octubre de 1998) y el intendente Álvaro Moreno (9 de diciembre de 1999), los tres de la Policía nacional.
Duarte, de 43 años, y Hernández, de 37, fueron secuestrados en la misma acción cuando cayeron en un retén guerrillero mientras se desplazaban por una carretera del departamento de Caquetá (sur). En esa región fue donde se produjo el desenlace del secuestro que tiene conmocionada a Colombia.
Un quinto rehén que estaba en ese grupo, el sargento de la Policía Luis Alberto Erazo huyó cuando empezó el combate de las FARC con el Ejército y fue encontrado por militares el sábado a la noche.
Agencia DPA


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