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Desmarque y cerrazón potencian mala hora K
Miguel Ángel Pichetto
Filmus, oferta recurrente del kirchnerismo en Capital, olfateó una semana atrás lo que Cristina de Kirchner asumió, tardíamente, ayer: que el expediente Milani, más allá de conspiraciones, miserias y facturas, agregó un factor crítico a una elección que, antes de eso, aparecía en una pendiente.
El caso Milani -que anoche flotaba en un limbo entre la postergación del tratamiento del pliego y un presunto paso a retiro a pedido del militar- tendió una sombra incómoda sobre la política de derechos humanos, que concentra el mayor consenso de la década K, un capital simbólico que el traspié Milani podría herir.
Milani estalló en medio de otros tropiezos, el más visible, el pedido de detención de Ricardo Jaime, ordenado por el juez Claudio Bonadío, un magistrado al que siempre se presumió cercano a las voluntades de la Casa Rosada. ¿Fue la primera manifestación de que el Poder Judicial, aun aquellos jueces más flexibles, empezó a proyectar un 2015 con otro color?
Sobre los dos asuntos -Milani y Jaime- el Gobierno se escudó en un silencio que, de manual, extendió a sus candidatos. La cerrazón es uno de los tres datos salientes de cómo el caso impacta en la campaña oficial.
1. El relato de la década ganada, celebratorio y autoinvocatorio, hasta ahora no logró generar expectativas porque el kirchnerismo se enfrenta a escenarios de derrota en los cinco principales distritos del país -provincia de Buenos Aires, Capital, Córdoba, Santa Fe y Mendoza- y advierte escenarios complejos en distritos que dominó históricamente como Tucumán o qué ganó como parte de la ola de 2011, como Catamarca, donde el FpV de Lucía Corpacci anticipa un revés. Así y todo, el marco inédito es que por primera vez en sus diez años en el poder, el kirchnerismo aparece perdidoso en territorio bonaerense, variable que ni siquiera se contemplaba en 2009 cuando, finalmente, Francisco de Narváez derrotó a Néstor Kirchner.
2. El efecto Milani, más allá de la valoración oficial -según la cual no incide sustancialmente en la campaña-, introdujo otro rasgo no convencional: la Presidente retiró el pliego del Senado advertida desde el bloque que comanda Miguel Ángel Pichetto más que de un desenlace complejo de la votación -existía la certeza de tener los números suficientes- porque expondría a varios candidatos del FpV con un hecho sinuoso. El caso testigo, luego del desplazamiento de Filmus, era el propio Pichetto que se juega en Río Negro una patriada por su reelección, pero, esencialmente, como paso previo para aspirar a la gobernación en 2015.
3. El tercer elemento involucró, como ocurrió con la frustrada democratización de la Justicia, al CELS y su presidente, Horacio Verbitsky. Los alertas desde el dispositivo político -que existieron entonces y ahora- fueron desoídos por Olivos que, sin embargo, atendió la advertencia pública y publicada del CELS. El peronismo, esa cofradía que asume la verticalidad como bandera, pero es hábil en la traición, se quejó del estatus preferencial de ese centro ante Cristina, autonomía de la que no gozan otros habitantes del dispositvo K.


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