Despertó Kirchner y descubrió que hay crisis de seguridad

Edición Impresa

Como un recién llegado, Néstor Kirchner se desayunó ayer sobre la existencia de una profunda crisis de seguridad que golpea a Buenos Aires. Con Daniel Scioli a su lado, a quien estuvo dirigido el reclamo, el ex presidente pidió «decisiones políticas muy fuertes».

Pareció un despertar tardío. Durante su presidencia, el patagónico surfeó, o se desentendió, del capítulo seguridad. Los sacudones en la provincia fueron, sistemáticamente, derivados a los gobernadores, primero Felipe Solá y ahora Scioli.

Es más. En la reciente campaña electoral, antesala de la derrota del 28-J, el ex presidente obvió sistemáticamente la agenda callejera vinculada a la delincuencia y acusó a su luego vencedor, Francisco de Narváez, de tratar de generar «pánico» con sus planteos.

El «descubrimiento» de Kirchner coincide con un rebrote en los episodios violentos, con el condimento trágico del Caso Pomar y en momentos en que Carlos Stornelli, jaqueado, encara una embestida contra sectores de la Policía a los que acusa de buscar una «desestabilización».

Ayer, esa novela escribió un nuevo capítulo ante la decisión del fiscal Marcelo Romero de citar a declarar al jefe de la Bonaerense, Juan Carlos Paggi, y al responsable de la Dirección de Robo Automotor, para interrogarlos sobre supuestas maniobras de policías activos y retirados (ver aparte).

Como dato adicional lo dijo junto a Sergio Massa, ex jefe de Gabinete de su esposa y actual intendente de Tigre, que en sus últimos meses como ministro lanzó un programa de «equipamiento» contra la inseguridad. Massa tiene, además, posturas críticas ante Scioli y los K.

El tigrense alienta, además, la aventura de convertirse en candidato a gobernador como parte de un bloque de peronistas díscolos.

Apenas, ante el peso de sus palabras, Kirchner buscó quitarle intensidad al plantear que «el trabajo conjunto es fundamental para todas las áreas en el tema de la inseguridad». Sin embargo, el daño ya estaba hecho: sus palabras se leyeron como un reclamo a Scioli.

En privado, incluso, fue más explícito. En una charla con Massa, los intendentes Alberto Descalzo (Ituzaingó), Osvaldo Amieiro (San Fernando), José Eseverri (Olavarría) y Cristian Breistestein (Bahía Blanca), y el senador Iván Budassi, su tono fue más duro.

«Se dio marcha atrás en lo que Arslanian había hecho bien», se quejó Kirchner frente a los lamentos de los jefes comunales que padecen, en sus territorios, la ola delictiva que la estadística oficial dice que es menor respecto de dos años atrás.

De la media hora de conversación apartada con los intendentes, el ex presidente le dedicó 25 minutos al capítulo delictivo. ¿Hubo informes de la SIDE, arrimados por Héctor Icazuriaga -también presente en Tigre, junto a Diego Bossio, de la ANSES- que generaron la explosiva, aunque demorada, reacción del ex mandatario?

La reacción del patagónico respecto de la inseguridad se interpretó no sólo como una advertencia a Scioli -dijo que él y Cristina de Kirchner le pidieron al gobernador que se enfoque en ese asunto- sino como un pulgar hacia abajo para el ministro Stornelli.

«Mientras no tengamos este tema irresuelto, con este nivel de conflicto, no es posible avanzar sobre otras cuestiones», se descargó Kirchner ante el puñado de bonaerenses que lo escuchaban, según el relato de fuentes cercanas a los intendentes.

Dejá tu comentario