Hubo quejas de todo tenor y origen. Sobre la selección de Martín Insaurralde como candidato o por la tardanza para lanzarlo; por el enfoque de la campaña y sobre el sistema electoral que instauró las PASO; por traiciones cruzadas y la demora fatal en reconocer problemas visibles.
Bajo la hojarasca del poema K, válido pero parcial, que se recuesta en el dato de retener la primera minoría electoral y un quórum vaporoso en el Congreso, abundan los planteos.
La urgencia por dar vuelta la página y dejar rápidamente atrás el 27-O que los castigó con un resultado que pocos previeron en su dimensión, fue la obsesión obvia del dispositivo K.
Luego de haber sido el maestro de ceremonia del show de la derrota, Amado Boudou volvió a fungir como presidente y recibió embajadores. Daniel Scioli juntó a algunos ministros y programó para hoy un acto con Martín Insaurralde en Lomas de Zamora y mañana viajará a Mendoza para verse con Francisco "Paco" Pérez. En la misma sintonía, un manojo de gobernadores peregrinará hoy a San Juan para ver a José Luis Gioja.
En el día después, la galaxia K sacó a la cancha a sus únicos dos ganadores para intentar opacar la irrupción de Sergio Massa. El chaqueño Jorge Capitanich y el entrerriano Sergio Urribarri, gobernadores ganadores del domingo y posibles ofertas futuras del kirchnerismo, hablaron para relativizar la proyección nacional del trigrense, el verdugo del FpV en Buenos Aires.
La reacción inicial, en público, trasluce una táctica: la unidad K en la derrota, actuación que registró la postal que del domingo en el NH Tango con Boudou junto Scioli, Insaurralde y Juan Manuel Abal Medina.
La ausencia presidencial, cuya reaparición genera ahora más intriga que antes de la elección, atraviesa todos los análisis. El desorden en que se sumergió el Gobierno tras su internación se potenció con la derrota. La hipótesis de un regreso el 8 de noviembre circuló, cierta o no, para dar ofrecer alguna certeza.
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Gabriel Mariotto fue, ayer, el más explícito a la hora de la autocrítica aunque sus palabras parecieron liberar un añejo entripado que mantiene con Insaurralde.
El vice bonaerense cuestionó la campaña vacía, supeditada a los decires de un publicista y dijo que el kirchnerismo debió apostar a figuras puras.
"El pueblo nos ha puesto una luz amarilla", dijo Mariotto y pidió "darle rienda suelta a la militancia y no tenerle miedo a que salgan a pintar, a charlar, a pegar carteles y a discutir internamente".
En otros circuítos, en particular del PJ, se objetó la dilación sobre la candidatura bonaerense. "El día del cierre de lista no sabíamos si el candidato iba a ser Alicia, Randazzo, Fernando Espinoza o Insaurralde" dijo, anoche, un dirigente del PJ.
Desde Casa Rosada, en tanto, se defendió la postulación del lomense o, al menos, se consideró contrafáctico la proyección electoral con otra figura al frente.
"Los que creen que con candidatos más K íbamos a andar mjejor, se equivocan. Podríamos haber sacado menos votos, muchos menos", dijo un referente de probada pertenencia kirchenrista.
La noche del domingo, en tanto, la primera línea del Gobierno leyó y releyó los resultados y a pesar de encontrar casos puntuales de "corte de boleta" dictaminó que no existieron "traiciones". "Vino la ola Massa y arrasó con todos", dijo uno de los funcionarios que se entregó a la revisión de resultados.
Una queja repetida, entre figuras K y dirigentes del PJ, fue sobre la tardía admisión por parte del oficialismo de problemas básicos, en particular la inflación y la inseguridad, que fueron centrales en la campaña de Massa.
"Cuando asumimos su existencia era tarde y ya no nos creyeron", dijo uno. "Las medidas sobre seguridad sirvieron pero tendrían que haber llegado antes" confió un cacique territorial.
En la búsqueda de explicaciones, más allá del clima adverso, hubo también autocríticas sobre el sistema electoral. "Sin las PASO la elección hubiese sido la de agosto pero con este sistema el voto útil nos juega en contra", interpretó un legislador del PJ.
Esperar que escampe es la reacción previsible. "Que baje la espuma y después ver", dicen en La Plata donde entienden que la derrota, por 8 o por 12, en algún punto tiene el mismo impacto.
Todo queda, en tanto, supeditado a la reaparición de Cristina para clarificar, al menos, cómo seguirán los próximos meses y en qué términos empezará a discutirse la sucesión de 2015.
Las otras expectativas tienen que ver con la dináminca interna. Respecto del Gobierno nacional, un cambio profundo en el gabinete para revitalizar la gestión que fue al menos una de las responsables de la derrota. En términos políticos es evitar la estampida que, en rigor, nadie imagina por lo menos en principio.
| Pablo Ibáñez |


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