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Diálogos en Wall Street
El periodista dialoga con el experto en mercados internacionales que se escuda bajo el seudónimo de Gordon Gekko -el protagonista de la película «Wall Street»- sobre la temporada de presentación de balances que acaba de comenzar. Analizó los casos de Wells Fargo y de Goldman Sachs. Y advirtió: «La diferencia entre la contabilidad y el marketing existe. Pero, a veces, es difícil ubicarla con precisión».
Gordon Gekko: Wells Fargo se adelantó diez días. Y marcó el tono, con un anticipo de balance muy bueno.
P.: No hay mejor defensa que un buen ataque. ¿Qué tan relevante es, sin embargo, que Wells Fargo hable de un nivel «récord histórico» de ingresos cuando su contabilidad ahora incorpora, por primera vez, la compra de Wachovia? ¿No es obvio?
G.G.: Hay comentarios triviales y otras novedades que no lo son tanto. Tenga presente que leer los balances se ha complicado. Me refiero a la necesidad de descubrir la realidad a través de los balances. Y, en este caso, ni siquiera se presentaron los estados contables. Es un preanuncio. Con puntos débiles. Como, por ejemplo, una sugestiva reducción en la magnitud en que se constituyen nuevas provisiones.
P.: No es un tema menor. Impacta directamente sobre el alza de las ganancias.
G.G.: Así es. El problema de Wachovia era la cartera hipotecaria de baja calidad. La compra de Golden West Financial en 2006 fue un error fatal porque le sumó un portafolio indigesto de hipotecas ajustables subprime que es una mochila de plomo. Cómo es que se alivió esa carga no me queda claro.
P.: ¿Será por la reducción de las tasas hipotecarias? Después de todo, son las más bajas en más de 30 años.
G.G.: No son hipotecas ajustables convencionales, sino de la variedad que arranca pagando, digamos, el 30 o el 40% de la tasa de referencia y, luego de un tiempo, eleva ese porcentaje hasta superar el 100%. Para estos instrumentos, las tasas de interés han subido y no bajado. Y la performance de pago no deja de estropearse. ¿Se los castigó agresivamente cuando se cerró la transacción de Wachovia? Puede ser. ¿No requerirán un ajuste de valuación posterior? Mirando la evolución del empleo y del precio de la vivienda de segunda mano, tiendo a pensar que sí.
P.: Como sea, el mensaje de Wells Fargo resultó convincente para los inversores. Basta mirar su cotización en Bolsa.
G.G.: El mercado compró la historia. No hay dudas. Eso está fuera de discusión.
P.: Y, para aquellos que dicen que los banqueros no son gente solidaria, las buenas nuevas de Wells Fargo se derramaron benéficamente sobre el resto de los papeles bancarios.
G.G.: Es el mismo tipo de tracción que generó la carta de Pandit (el mandamás de Citi) al comienzo del rally de la Bolsa. Lo que importa, más allá de los detalles, es el riesgo sistémico. Y los inversores extrapolan lo que ven en una entidad a todo el sistema. Lo bueno y lo malo.
P.: Goldman Sachs fue el segundo en la lista. Y también se apuró en dar a conocer sus números. Hizo el anuncio un día antes. ¿No es curioso?
G.G.: Fueron tremendamente efectivos. Como buenos operadores («traders») ya estaban cerrando una colocación pública de sus propias acciones. Con prisa.
P.: Prisa más que sugerente. Podría pensarse que el balance hizo las veces de prospecto de venta.
G.G.: La diferencia entre la contabilidad y el marketing existe. Pero, a veces, es difícil ubicarla con precisión.
P.: Goldman aportó un balance espectacular. ¿Influyeron mucho los desembolsos de AIG? Me refiero a los pagos que les hizo AIG a sus contrapartes con el dinero del rescate que piloteó el Tesoro.
G.G.: En nada. En el primer trimestre, cero dólar.
P.: No es lo que se rumoreaba.
G.G.: No. Pero fue una pregunta concreta que se le hizo hoy (por ayer) al CFO de Goldman, David Viniar. Y la respuesta fue así de clara. Los flujos relacionados con AIG, dijo, se produjeron el año pasado, ya que las posiciones se terminaron de desarmar en el cuarto trimestre. Y las ganancias, agregó, no fueron muy significativas.
P.: ¿Cuál fue la llave de este excelente trimestre?
G.G.: Es difícil saberlo con exactitud. Uno comprende que con costo de fondeo marginal en cero y una curva de rendimiento de pendiente muy positiva, el margen financiero es más que jugoso. Esto benefició a Goldman y se repite en el resto de la banca. También está claro que Goldman fue muy agresivo. Es una institución muy apalancada y, en el primer trimestre, aumentó aún más su valor a riesgo. Los resultados hipotecarios mejoraron (la Fed ayudó sobremanera con la compra de títulos y su empeño en bajar las tasas largas), aunque la parte comercial les infligió una pérdida de 800 millones de dólares. Y, por último, un elemento idiosincrásico obró a favor, la crisis le despejó el entorno competitivo.
P.: Destruyó a sus grandes rivales. Quedó todo el terreno libre para que lo exploten Goldman y a Morgan Stanley.
G.G.: Así es. Y sabemos que el primer trimestre asistió a una resurrección de los mercados de capitales. Levantaron las emisiones de bonos corporativos y, en menor medida, de acciones; también, las fusiones y compras de empresas. Es el turf natural de un banco de inversión. Ser independiente da una agilidad que, en estos tiempos, es muy apreciada.
P.: Que lo diga el propio Goldman. Muy bien servido por esta colocación relámpago de sus propias acciones. Pienso en HSBC emitiendo acciones con un descuento del 40%. Goldman vendió los papeles a 123 dólares, una quita módica -5,5%- en comparación con los 130 del cierre previo. Y fue juntar la plata y asistir a un derrumbe de la Bolsa.
G.G.: Son traders muy afilados.
P.: Quizás demasiado para sus clientes. El papel terminó en 115 dólares. ¿Cómo interpretarlo?
G.G.: Use la navaja de Occam. La interpretación más sencilla es la más creíble. Vieron la oportunidad y no la dejaron pasar.
P.: Juntaron 5 mil millones de dólares con el ánimo de devolverle al Tesoro los fondos que recibieron del plan TARP. ¿Es así?
G.G.: Eso dicen. La idea es cancelar -sumando otros recursos de fuente no especificada- la totalidad de los 10 mil millones que, también dicen, fueron forzados a aceptar. Recuerde que la estrategia del ex secretario Paulson fue girar los aportes a un grupo grande de bancos para que no se pudiera identificar cuáles eran los verdaderamente necesitados.
P.: Lo que ahora quedaría en descubierto con el gesto de Goldman.
G.G.: Forzaría a otros a copiarlo. Nadie quiere reconocer que su posición no es sólida ni que le falta capital. Y, en verdad, todo el andamiaje del Gobierno está montado porque existe un problema monumental. Me sorprendería que el Tesoro acepte el convite. Y no debería hacerlo hasta que Goldman reduzca su riesgo -básicamente, el leverage- en forma sustancial. La razón es muy sencilla: si las apuestas fuertes que hace salen muy mal, habrá que correr en su auxilio, esté dentro del TARP o fuera. Si se va del TARP, distribuirá 4.700 millones de dólares en bonus y retribuciones. Si se queda, ése es un colchón para amortiguar los quebrantos.


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