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Diálogos en Wall Street
G.G.: Pesaron más las palabras del secretario del Tesoro, Tim Geithner.
P.: ¿El virtual anticipo de los resultados de los «exámenes de estrés» de la banca?
G.G.: Fue lo que movilizó la reacción favorable. Queda claro que las acciones de bancos, para bien o para mal, son las que dictan los movimientos del mercado en general.
P.: Geithner sostuvo que la gran mayoría de los bancos pasó la prueba. Que están bien capitalizados. Pero, ¿no es una afirmación trivial? Me pregunto, aunque no sea así, ¿puede decir otra cosa?
G.G.: Es verdad, si hubiese un abismo, no podría admitirlo. Sería como dispararse un tiro en los pies.
P.: Entonces, ¿qué agrega?
G.G.: Descomprimió el tema. Tenga presente que el cómo informar los resultados de las pruebas de estrés se estaba convirtiendo en un asunto delicado en sí mismo.
P.: Finalmente será como la ronda de los balances. Una inyección de optimismo que saca provecho de que no exista un adecuado control antidoping.
G.G.: Geithner esbozó también los caminos que tendrán los bancos a mano para reforzar, en los casos de anemia, su posición de capital.
P.: No dijo nada nuevo. Me parece que no aportó sustancia pero hay que reconocer que tranquiliza a las fieras.
G.G.: De momento, es así.
P.: Es un ejercicio obligado -que no supone un gran esfuerzo intelectual- el cotejar los dos panoramas: el que pinta el Fondo y el que describe Geithner.
G.G.: Son antagónicos.
P.: Aunque están analizando la misma realidad. Uno de los dos tiene que estar equivocado.
G.G.: Quizá yerran los dos. Pero ambos no pueden estar en lo correcto. Geithner dice que el capital es más que suficiente en la mayoría de las 19 entidades más grandes. O sea, reconoce, a lo sumo, un faltante marginal. Lo que para él es un problema de «incertidumbre en los valores de los activos tóxicos», para el Fondo es una grieta profunda bajo la línea de flotación del sistema. El FMI plantea un problema grave de crédito. Pone el énfasis en la destrucción que prevé en los flujos de fondos más que en la dificultad de valuarlos, ante la desaparición de los mercados secundarios dado el aumento de la aversión al riesgo y su natural complejidad.
P.: La moneda que para Geithner puede faltar es una cifra billonaria para los cálculos del Fondo.
G.G.: El Fondo considera que será menester inyectar otros 875 mil millones de dólares al sistema financiero internacional entre 2009 y 2010. Ello -junto con las ganancias corrientes de ambos períodos- permitirá absorber quebrantos por 1,6 billón de dólares manteniendo una relación de apalancamiento de 25 veces el capital. Si se quisiera recortar ese ratio a 17, entonces habría que aportar 1,7 billón.
P.: No lo veo al Congreso echando mano a la billetera para apartar esa cifra. Y lo que queda disponible del TARP es un vuelto. No alcanza a 135 mil millones de dólares. ¿Habrá que aceptar que Goldman Sachs devuelva los fondos que recibió del TARP en forma anticipada?
G.G.: Esa es la estimación global del Fondo. La tajada que le toca a EE.UU. es más chica. Ni siquiera es la porción mayor. El Fondo ve los problemas más delicados en Europa y no en los EE.UU.
P.: ¿Cuánto le corresponde?
G.G.: En los EE.UU. habrá que obtener capital adicional por 275 mil millones de dólares (o, en el caso más estricto, 500 mil millones).
P.: ¿Para afrontar pérdidas por cuánto?
G.G.: Unos 500 mil millones de dólares por encima de lo que ya se asumió hasta finales de 2008.
P.: No es lo que sugieren los dichos de Geithner, pero tampoco es una cifra inmanejable.
G.G.: Tiene razón. Piense, además, que Obama previó en el presupuesto un renglón precautorio de 750 mil millones de dólares destinado especialmente para lidiar con un eventual agravamiento de la crisis.
P.: Esquemas como el de compra de activos tóxicos -el llamado programa de inversión público privada (PPIP)- permitirían aligerar la incidencia de los quebrantos previstos. Y supondrían, por ende, una menor erosión patrimonial.
G.G.: También es cierto. Sabemos que la dinámica de la realidad es muy fluida. Tanto como las estimaciones de pérdidas; que se ajustan periódicamente al alza. No tiene sentido comprar estas proyecciones a libro cerrado. Son muy sensibles a cuestiones que no podemos contestar de manera convincente. ¿Cuán profunda será la recesión? ¿Cuándo cederá? La incertidumbre manda. Pero, aun así, las estimaciones son útiles para hacerse un cuadro de situación y no comprar tampoco los buzones que hay a la venta.


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