29 de abril 2009 - 00:00

Diálogos en Wall Street

 El periodista dialoga con el experto en mercados internacionales que se escuda bajo el personaje de Gordon Gekko, de la película «Wall Street», quien analiza el impacto de la epidemia de gripe porcina sobre el mercado.

Periodista: Con la gripe porcina es cartón lleno. Sin embargo, los mercados resisten.
Gordon Gekko: Es notable. La suba perdió pujanza, pero se mantiene en pie. Que las Bolsas lateralicen después de trepar un 25%/30% es señal impensada de confianza. Los inversores toleran el riesgo porque aún conservan mucho cash en sus carteras y temen más perder el tren que una eventual colisión.

P.: La idea de que «lo peor ya pasó» volvió a echar raíces.
G.G.: No es la primera vez que se instala. Cuando la Fed bajó las tasas en setiembre de 2007, cuando se rescató a Bear Stearns en marzo de 2008, con el rally de fin de año, siempre estuvo presente. El drama es que no avisa antes de levantar campamento.

P.: Esta vez trajo más equipaje a cuestas. Parecería que vino para quedarse.
G.G.: Habrá que ver para creer.

P.: Una variable ultrasensible, como los precios de la vivienda, comienza a dar señales de mejoría. Según las mediciones de la FHFA, acumula dos meses en alza. Según el índice Case-Shiller, la caída prosigue pero se modera. ¿No debería frenar la hemorragia de los activos hipotecarios?
G.G.: Es difícil alinear la evolución de los precios que publica la FHFA con la magnitud de la debacle hipotecaria. Desde los máximos, Case-Shiller apunta una baja de más del 30% en el valor de la vivienda. En cambio, para la FHFA, la merma es de sólo el 9,5%. Demasiado leve, a mi gusto, como para justificar la montaña de escombros que estamos pisando.

P.: Pero es una señal más, y ya son varias, de que la crisis se apacigua. Por primera vez, en dieciséis meses, la caída interanual de precios se redujo y no marca un nuevo récord. Y estoy citando el informe Case-Shiller.
G.G.: Tiene razón. Pasó del 19% al 18,6%. Pero, en el margen, los precios cayeron un 2,2%. Es un ritmo mucho más alto, cercano al 30% anual. Si quiere, es una mejoría frente al 36% del año pasado. Sin embargo, está lejos de sugerir que se toque fondo o que la recuperación esté a la vuelta de la esquina. De hecho, los valores de los activos estructurados (sobre la base de hipotecas subprime) se mantienen estables. No participan del rally. Las carteras AAA originadas en 2006 o 2007 cotizan a una paridad de entre el 25% y el 30%.

P.: Las Bolsas conservan la calma pese a todas las versiones que sobrevuelan a los exámenes de estrés de los principales bancos. Ya se dice, oficiosamente, que Citi o Bank of America tendrán que conseguir fuertes aportes de capital extra.
G.G.: Como pasó con los balances bancarios, se piensa que la difusión de los resultados vendrá masticada de antemano. Nadie piensa que el Gobierno querrá encender la mecha de un nuevo incendio. Por eso hay nerviosismo, pero se prefiere sufrir adentro antes que salir de la posición.

P.: Ya que mentó los balances, ¿cuál fue la conclusión final? ¿Cuánto ayudó el cambio de normas contables y la posibilidad de relajar la valuación de activos?
G.G.: La buena noticia fue que no hubo catástrofes. En parte porque se flexibilizaron las normas. Tome el caso emblemático: Wells Fargo. No fue casual que se adelantara diez días en difundir sus números. Cuando vino el balance, y todo el mundo estaba interesado ya en otra cosa, se pudo ver que su ganancia fue mayor que lo sugerido en un primer momento. Superó los 3 mil millones de dólares. Pero también quedó claro que se había acogido a una valuación más laxa. Y ello gatilló una diferencia a favor de 4.300 millones de dólares. O sea, el cambio de reglas explicó 140% de la utilidad del trimestre.

P.: Otro tema delicado es la suerte de Chrysler y General Motors. Son negociaciones contra reloj y bajo la amenaza creíble de la bancarrota.
G.G.: Son un banco de pruebas, además, para soluciones que pudieran extenderse al terreno de las entidades financieras. Conviene mirar cómo se desenvuelven; sobre todo, qué tipo de concesiones puede obtenerse de los acreedores.

P.: Pareciera que Chrysler se sale con la suya y cerraría un acuerdo. Pero ello implica que el Estado capitaliza una parte de los préstamos de emergencia y se convierte en accionista. ¿Será un anticipo de lo que les espera a los bancos que reprueben las pruebas de estrés?
G.G.: Llegado el caso, así ocurrirá. Pero el Gobierno, con los bancos, está buscando variantes a la nacionalización. Y es lógico que busque economizar recursos. En ese sentido, lo interesante es que los acreedores financieros de Chrysler habrían aceptado canjear los 6.900 millones de su deuda garantizada por un pago cash de 2 mil millones de dólares y una pequeña participación en el paquete accionario.

P.: Es factible entonces negociar un canje de deuda por acciones.
G.G.: La única salvedad es que los principales acreedores de Chrysler son bancos. Como tales, son sensibles, en este momento, a las presiones que haga el Gobierno.

P.: Tienen mucho más para perder en otras mesas paralelas de negociación.
G.G.: Claro. Distinta es la situación en General Motors. Aquí la propuesta de canje alcanza a 27 mil millones de dólares de deuda con oferta pública y tenedores diversificados. Es el verdadero examen de fuego para la tesis de un canje voluntario.

P.: Sheila Bair, la titular de la FDIC, la corporación que maneja el seguro de los depósitos, volvió a la carga con la solución del «banco bueno» y «banco malo». No es muy distinto de lo que el Gobierno se trae entre manos si fuera necesario forzar la quiebra de GM.
G.G.: El timing de Bair no parece casual. Los resultados de los exámenes de estrés están por salir a la luz. Pero, si bien Bair ofreció a la FDIC para hacer el trabajo de desmantelar a los bancos grandes, también reconoció que falta el marco legal que le permita operar con eficacia.

P.: ¿Cómo es eso?
G.G.: Carece de autoridad para actuar sobre compañías financieras (no bancarias) que no capten depósitos.

P.: Digamos un AIG...
G.G.: Tal cual. El punto clave es que puede ocuparse de un banco de gran tamaño, pero no tiene facultades para intervenir a todo el conjunto económico vinculado. No tiene poder sobre las compañías holding. Habrá que ver si la prédica encuentra eco. No creo que sea inmediato, pero no lo descarte en una etapa posterior.

Dejá tu comentario