11 de septiembre 2009 - 00:00

Diálogos en Wall Street

El experto de mercados mundiales personificado como Gordon Gekko de la película «Wall Street» apuesta a que China mantendrá sus políticas y la Bolsa de Shanghai tendrá un recorrido alcista.

Periodista: ¿Qué pasó con los temblores de la Bolsa de Shanghai? Ya no se escucha el estrépito de la estampida. ¿En qué quedó la amenaza del derrumbe?

Gordon Gekko: Talló el Gobierno. Apuntaló el edificio.

P.: No es extraño en China.

G.G.: No. Después que el derrape sobrepasó el 20%, las autoridades salieron al cruce.

P.: ¿Intervinieron en los mercados? ¿Compraron papeles?

G.G.: Jugaron de manera indirecta. Atacaron el corazón de la duda, el temor que carcomía los ánimos.

P.: Escuché que el premier Wen Jiabao aseguró que la política de estímulo no será removida.

G.G.: Se lo dijo primero a Robert Zoellick, el presidente del Banco Mundial, y fue difundido con megáfono. Y ayer, por si quedaba alguna sospecha, machacó de nuevo con el asunto.

P.: ¿Resulta creíble?

G.G.: Sí, claro. La recuperación es inestable y desbalanceada, afirmó. Lo que es verdad. No es todavía sólida, agregó. Lo que, a pesar de lo anterior, puede discutirse.

P.: No parece fácil que se revierta. No, después de un crecimiento del 14% en el margen como se anotó en el segundo trimestre.

G.G.: No. Pero, en definitiva, el mensaje es transparente. China no va a cambiar el rumbo de sus políticas hasta que no estén dadas las condiciones. Y, a su juicio, la situación no está madura. Le guste o no, es una decisión que ellos controlan por completo.

P.: Si dicen que no llegó la hora todavía, así debe ser.

G.G.: Tal cual.

P.: Habrá muchas discrepancias entre China y EE.UU. Pero en esta cuestión comparten la sintonía. Se ve que Pekín leyó a Bernanke.

G.G.: Seguramente. Pero no se olvide que ambas partes conocieron de primera mano la experiencia de Japón en los años noventa. Yo creo que China sabe que recorre la misma huella y es lógico que no quiera repetir un error tan costoso.

P.: Los mercados le creyeron a Wen. Al menos, a juzgar por su reacción favorable.

G.G.: Shanghai rebotó un 10% en las últimas ruedas. Pero hubo algo más que las meras palabras del premier. Usted preguntó si las autoridades chinas compraron acciones.

P.: Es verdad. Y no me contestó.

G.G.: Le dije que no hubo intervención directa. Sólo que pusieron sobre la mesa una de las cartas que se mantenían bajo la manga. Resolvieron aumentar los límites de exposición permitidos a los jugadores extranjeros en la Bolsa de Shanghai. Y lo anunciaron la semana pasada.

P.: Abrieron una hendija en su política férrea de control de capitales.

G.G.: Ensancharon la franquicia existente, con moderación.

P.: No compran papeles, pero sí arriman compradores.

G.G.: Aumentaron la demanda potencial. Los extranjeros, de momento, son reacios a tomar más exposición. La valuación asusta un poco. El «momentum» no tienta, sugiere la conveniencia de esperar.

P.: Me imagino que el contexto internacional también ayudó a estabilizar a Shanghai.

G.G.: Así es. En todas las Bolsas, la corrección amaga y amaga, pero en ninguna se concreta.

P.: Todavía Shanghai está a distancia de sus niveles máximos, de su cima a fines de julio.

G.G.: El 16% abajo.

P.: ¿Intentará escalar allí nuevamente?

G.G.: Lo que no mata, fortalece. En China y fuera de China, hoy pareciera que la única pieza que falta para armar el rompecabezas es dejar correr el tiempo.

P.: No suena muy tranquilizador. ¿No se aprendió nada de la crisis? ¿Se vuelve a reaccionar en manada?

G.G.: Las carteras conservan mucho efectivo. La situación económica mejora. Con rarísimas excepciones. La velocidad de la recuperación difiere pero el propio «contagio», la realimentación juega a favor. Y, sobre todo, hay un «put» implícito de los gobiernos.

P.: Si la coyuntura se atasca, estarán allí para empujar de nuevo.

G.G.:
China es un ejemplo interesante. La economía no se atascó. Lo que tropezó fue la suba de la Bolsa, después de duplicar las cotizaciones. Y allí lo tiene al premier en persona ocupándose del asunto.

P.: Es un subproducto no deseado de la estrategia de estímulo.

G.G.:
Lo corrijo. Estabilizar el valor de los activos de riesgo fue clave para dominar la crisis. Ésta es una crisis de crédito. Qué mejor entonces que se revalúe el valor patrimonial de los deudores (o el colateral de las obligaciones).

P.: ¿Es un almuerzo gratis?

G.G.:
Mire, le preguntaron al administrador de uno de los fondos de riqueza soberanos de China, cómo esperaba que fuera su rendimiento en 2009. Y aseguró que será un buen año. Tanto EE.UU. como China están atacando el problema de las burbujas, dijo, creando nuevas burbujas. «Estamos sacando ventaja de ello. No podemos perder».

P.: ¿No podemos perder? ¿Cuándo fue la última vez que lo escuché? ¿Se acuerda de los prospectos de los CPDO? Las razones eran más abstrusas, pero afirmaban lo mismo.

G.G.: No hay almuerzo gratis. Pero sí una mesa generosamente servida. Y si pide otra bebida, el Gobierno se la dará. Es obvio. Pero no se quede para el postre. La cuenta, como siempre, llegará al final.

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