20 de octubre 2009 - 00:00

Diálogos en Wall Street

El experto en mercados mundiales personificado como Gordon Gekko de la película «Wall Street» advierte que aún existen problemas de cobranza en la economía estadounidense y cuestiona la falta de acción en cuanto al programa de venta de activos tóxicos.

Periodista: Las Bolsas trepan a nuevas alturas, el dólar se desbarranca, se alborotan las materias primas y las autoridades descubren otro caso grave de corrupción -operaciones con información privilegiada («insider trading») en el fondo Galleon- que promete ramificaciones. Tanto vértigo, sin embargo, no tiene correlato con la percepción de los peligros.

Gordon Gekko:
La mar está serena. No hay grandes temores en ebullición.

P.: Se planchó la volatilidad de las acciones.

G.G.:
En efecto. Después de un pico a comienzos de mes, cayó más del 25%.

P.: Corríjame si me equivoco. Regresamos a los valores anteriores al derrumbe de Lehman Brothers.

G.G.:
Correcto. Son los mínimos de los últimos trece meses.

P.: Más suben las acciones, más rige la distensión y echa raíces la complacencia.

G.G.:
Así es. Esa sensación de incomodidad que invadía todo -provocada por el temor a una probable corrección- hizo mutis por el foro. Se retiró sin despedirse.

P.: Se podía pensar que quién a hierro mata, a hierro muere. Si la clave del ascenso de las Bolsas son los balances mejores que lo esperado, dos traspiés de envergadura -como Citi y Bank of America- deberían abortar el despegue.

G.G.:
No fue así. No pasó de un mal trago. A mí me queda claro: las Bolsas tienen muchas ganas de subir. Por el momento, los inversores están dispuestos a no ver el lado oscuro de la realidad.

P.: ¿Hay, acaso, un costado luminoso?

G.G.:
Desde ya. El 85% de las compañías que anunciaron resultados excedieron las estimaciones previas. Es un porcentaje inusitado. Altísimo.

P.: Quizás la vara de las exigencias haya sido colocada demasiado baja.

G.G.:
No se la redujo más que en el pasado reciente. Pienso que detrás de las cifras, obra una explicación genuina. La situación objetiva cambió para mejor. Son los primeros balances, en un año, que tienen como telón de fondo a una economía que crece y ya no se desploma.

P.: El trimestre que culminó estuvo signado por iniciativas puntuales de estímulo que no se van a repetir. El canje de autos es el ejemplo más contundente. ¿Qué probabilidades hay de que la mejoría no sea apenas una golondrina de paso?

G.G.:
Una de cada cinco compañías aprovechó la publicación de sus estados contables para levantar sus proyecciones de cara al futuro. Tampoco resulta común. Es una señal inesperada de robustez.

P.: La economía repunta. Las empresas prometen tiempos mejores. Pero no alcanza para que los bancos salgan del atolladero.

G.G.:
Se sabe que no. Los problemas de cobranza persisten. Después de todo, la idea original del secretario Tim Geithner -dentro de su esquema de ataque a la crisis- era promover la venta de los activos tóxicos de la banca a sociedades (joint ventures) de capital público y privado.

P.: El programa PPIP.

G.G.:
Tal cual. Se pensaba conformar una plataforma -con la participación del Tesoro, la FED y la FDIC- con una capacidad de compra de instrumentos problemáticos por 500 mil millones de dólares (con el potencial, llegado el caso, de duplicar los montos). La intención era quitarle una mochila muy pesada al sistema.

P.: Eso se anunció en marzo. Pero nunca se ejecutó.

G.G.:
Que yo sepa, se hizo una transacción. Y, a principios de mes, se terminaron de armar dos fondos (uno de Invesco y otro de TCW) con recursos de capital privado por 500 millones de dólares cada uno. Si se suman todos los aportes -públicos y privados- más el financiamiento que dará el Tesoro, estamos hablando de un poder de fuego de 4.520 millones de dólares.

P.: Menos del 1% de lo que se anunció con toda pompa.

G.G.:
Y que todavía no se gastó.

P.: Corolario: los muertos siguen colgados en los armarios de la banca.

G.G.:
Es el recordatorio que dejaron los balances. Todavía los esqueletos están guardados y en estado de descomposición. Para que no se note, y no provocar revuelo, hubo que echar mano a ciertas prerrogativas que permite la contabilidad. El expediente de reducir las provisiones por quebrantos crediticios le mejoró el cuadro de resultados al Citi en más de 3.400 millones de dólares y a Bank of America en más de 1.600 millones, sólo en el trimestre que pasó. Pero si uno hurga más a fondo, encuentra otras variantes de menor cuantía que también colaboraron.

P.: ¿Cómo sopesar en la balanza las dos caras de la realidad? ¿Qué peso asignarle a la mochila de la banca y cuánto poner en el platillo de la recuperación de la economía?

G.G.:
No es tarea sencilla. En rigor, ésa es la especialidad de los mercados. Procesar información compleja. Y, en ese sentido, su dictamen es favorable.

P.: No es un veredicto inapelable. De hecho, los propios mercados son volubles; con facilidad, pueden cambiar de opinión.

G.G.:
Por supuesto. Es una opinión, además, sobre una materia que tampoco terminó de cristalizar.

P.: No sé si las políticas de estímulo alcanzarán para reflotar la economía mundial de manera definitiva pero no hay dudas de que, con tasas de interés por los suelos, son muy potentes para instalar un mercado bull («alcista»). La impresión que uno tiene es que los inversores, otra vez, perdieron los estribos. Están montados a la suba a falta de otra alternativa mejor.

G.G.:
La idea es que primero el mercado sube y después averigua por qué. Y es así. Pero si se pudo galopar, desde marzo hasta ahora, y a una distancia que asombra, fue porque, contra todos los pronósticos, no se mancaron ni los bancos ni la economía.

P.: Y porque las autoridades corrieron los obstáculos.

G.G.:
No tengo dudas de que ésa sigue siendo la apuesta principal.

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