8 de diciembre 2009 - 00:14

Diálogos en Wall Street

El experto en mercados mundiales personificado como Gordon Gekko, de la película «Wall Street», opina que habrá que esperar hasta marzo para vislumbrar si se produce una nueva recaída. Es, además, escéptico en relación con futuros planes de fomento del empleo y considera que aún es temprano para retirar los estímulos fiscales.

Periodista: Primero, resucitaron las Bolsas y los activos de riesgo. Después, la economía. El informe laboral de noviembre sugiere que la recuperación gana terreno. Ahora se apresta a tocar las puertas de la creación de empleo.

Gordon Gekko: Mucho antes de lo pensado. De ahí, la sorpresa que provocó su lectura.

P.: Es una recuperación que avanza cuesta arriba. Que debe batallar con un escepticismo espeso. Pero, contra todos los pronósticos, pese a los muchos obstáculos, conquistó a la Bolsa, sentó sus reales en la economía y hoy nadie discute o niega su realidad presente.

G.G.: No se puede refutar la realidad de una mejoría. Sería necio. Pero quien es escéptico de veras, uno diría de «buena fe», no se rinde ante la evidencia. La cree circunstancial. Entonces, corre su desconfianza hacia el futuro. Formula un «roll over». Espera una recaída más adelante.

P.: El llamado «double dip». Un segundo aterrizaje brusco.

G.G.: Tal cual.

P.: La destrucción tenaz de empleos era el mejor motivo para desconfiar, para no comprar la idea de una recuperación definitiva.

G.G.:
No precisa consultar el informe laboral de noviembre. Si usted mira las cifras de productividad del tercer trimestre, entiende que la pérdida de empleos se acerca a un límite.

P.: Los resultados fueron revisados. De un aumento de la productividad laboral del 9,5% anunciado originalmente, a un 8,1%.

G.G.:
Correcto. Cuando desmenuza los números, advierte que la economía produjo, en términos anualizados, de junio a setiembre, un 2,9% más. Y usó un 4,8% menos de horas de trabajo. La demanda final es más firme que el nivel de producción, dicho sea de paso, porque se sabe que los inventarios siguen cayendo. ¿Cuánto más puede tensar la cuerda? No se sabe. Pero no es posible producir más indefinidamente recortando las horas trabajadas. Si la demanda persiste, tarde o temprano, el empleo debe repuntar. La idea del «double dip» requiere sí o sí que la demanda agregada tropiece y vuelva a desbarrancarse.

P.: ¿Cerrará 2009 con un aumento neto de puestos de trabajo en diciembre?

G.G.:
Pienso que habrá que esperar un poco más. La reducción de sólo 11 mil empleos netos en noviembre es sospechosa. Si me dijera que fueron entre 70 y 90 mil, me resultaría creíble.

P.: En todo caso, habrá que aguardar hasta marzo. No mucho más.

G.G.:
En noviembre se produjo una notoria mejoría en el mercado laboral. Basta analizar los pedidos de subsidio de desempleo para percibir el cambio. Si ese ritmo se mantiene, la economía sumará nuevos empleos antes de marzo.

P.: El presidente Barack Obama anunciará mañana (por hoy) un paquete de medidas para promover la expansión del empleo. ¿Llegó tarde? ¿Es redundante? O, ¿servirá para resolver definitivamente la cuestión, como quien da un empujón final para salir de un atasco?

G.G.:
No tengo muchas expectativas por los anuncios. Habrá que escucharlos para saber de qué se trata en concreto.

P.: Usted mencionó, en su momento, la posibilidad de que se implemente un crédito fiscal para la creación de nuevo empleo.

G.G.:
Es una de las propuestas que se volcó sobre la mesa en la Cumbre sobre Empleos que la Casa Blanca celebró la semana pasada. Una entre varias. Y le diría que es de las pocas que ya cuenta con una crítica adversa on the record (pública) por parte del secretario del Tesoro, Tim Geithner. Como sea, el informe laboral de noviembre tiene que haberle bajado las chances. Quitó la sensación de urgencia.

P.: ¿Cómo interpreta la reacción de Wall Street? No hay noticia mejor para certificar que la recuperación económica echa raíces. Que va en serio. Y, sin embargo, no se percibe una gran algarabía. Más allá de la positiva reacción inicial.

G.G.:
Lo conversamos la semana pasada. Usted me preguntó qué pasaría el día que el mercado laboral crease un puesto de trabajo, uno solo. Pegó en el poste.

P.: Lo tengo presente. Una gran euforia, primero. Y, acto seguido, creo que así lo graficó, «comenzará el sarpullido de la preocupación».

G.G.:
Para los mercados, la recuperación de la economía es muy importante. Pero no tanto como la vigencia de políticas de estímulo extraordinariamente generosas. En el corto plazo, si hubiera que prescindir de un ingrediente, preferirían sacrificar la recuperación y quedarse con el apoyo oficial irrestricto.

P.: ¿Cuánto puede valer un caldo de gallina si usted prioriza el caldo y prescinde de la gallina?

G.G.:
Exagero para marcar bien el punto. Pero no crea que mucho. Mire el espejo de la Bolsa china. Los máximos son de agosto. No de ahora. Cuando quedó claro que la recuperación era muy robusta, la situación, lejos de despejarse, se complicó. Saber que las autoridades están atrapadas por la extrema fragilidad de la coyuntura vale oro. Es saber que le cuidarán las espaldas.

P.: Para el oro, le diría, que la noticia no provocó sarpullido, fue una urticaria vertiginosa.

G.G.:
Las políticas de estímulo son las muletas de la recuperación de la economía y de los mercados. Pero el oro fue más allá, las usó de garrocha. Si los gobiernos se llevan la escalera, uno se pregunta, cuán firme será el pincel como para sostenerse en las alturas.

P.: Fríamente, ¿hay alguna posibilidad de que las autoridades estén pensando en retirar sus mecanismos de ayuda sólo porque la economía comenzará en los próximos meses a crear empleos? Cuando antes destruyó, en un par de años, más de 7,2 millones.

G.G.:
Ninguna. Pero esto subraya aún más la importancia de este renglón ultrasensible.

P.: No sé si fue adrede o era inevitable. Ben Bernanke, en su disertación en el Club Económico, volvió a ratificar que todavía estamos muy lejos de haber dejado la crisis atrás. Toda especulación sobre la Fed, sobre su voluntad de reajustar las tasas cortas de interés, sonó excesiva. Digamos en los próximos seis meses.

G.G.:
Hace meses que Bernanke debe repetir el estribillo. Donde sea que vaya. Pero esta vez, no tengo dudas, lo habrán escuchado con más atención.

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