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Diálogos en Wall Street
El periodista dialoga con el experto en mercados internacionales personificado como Gordon Gekko, de la película «Wall Street», quien opinó que el Senado de EE.UU. puede sepultar las aspiraciones de Ben Bernanke a un segundo mandato en la Fed. Aun así, el analista advirtió que «Bernanke, después de todo, es la mejor alternativa a la que los republicanos pueden aspirar».
Gordon Gekko: No dijeron nada que no hayan dicho o sugerido antes. Bernanke trató el tema específico de la política monetaria y la burbuja de la vivienda. El tema y el tiempo elegidos son muy fáciles de descifrar: todavía pelea por la confirmación de su nombramiento.
P.: Su mandato vence el 1 de febrero.
G.G.: Así es.
P.: Y no la tiene sencilla.
G.G.: No le resultó muy agradable el pasaje por Comisión pero, en ningún momento, el resultado final se vio comprometido.
P.: La Cámara puede ser un hueso más duro de roer. Un tercio de los senadores se opone a su designación.
G.G.: Lo va a lograr, pero con un nivel récord de oposición. Eso es inevitable, a esta altura.
P.: El rechazo de los republicanos es muy fuerte. Y vociferante.
G.G.: Es una paradoja, ya que Bernanke es miembro del partido aunque no sea un gran militante.
P.: El presidente Bush fue quien lo eligió, pero los tiempos cambian. El golpe de timón en la Casa Blanca trazó borrón y cuenta nueva. Así como se lo ataca a Obama por la crisis -como si no la hubiera heredado- se lo cuestiona a Bernanke, curiosamente, por lo que no hizo cuando no era el que mandaba en la Fed.
G.G.: Bernanke, al menos, fue gobernador de la institución en tiempos de Greenspan. Y no niega su participación. En la defensa de la política monetaria se remonta a aquellos años. No se escuda, para nada, en el hecho obvio de que no era él quien definía, en ese momento, la toma de decisiones.
P.: Un tercio de los senadores se opone y otro tercio no fijó aún su posición. El Senado puede sepultar las aspiraciones de Bernanke a un segundo mandato. No es impensable.
G.G.: El discurso de ayer (por el domingo) tiene el sentido de la oportunidad. De manera directa responde a la crítica en boga de que la política monetaria fue demasiado laxa por haberse desviado de la regla de Taylor y mantener tasas muy bajas de interés.
P.: Objeción que formula el propio autor de la regla, John Taylor.
G.G.: Sí. Desvío que Taylor no había notado hasta que estalló la crisis financiera con toda su virulencia.
P.: Con sugestiva tardanza. Es verdad. Aun así, corresponde prestarle atención.
G.G.: La disección que Bernanke hace de la política monetaria ejecutada desde 2001 no la absuelve de toda responsabilidad, pero le concede un rol pequeño y secundario en la formación de una burbuja de precios de la vivienda. De lejos, la regulación y supervisión cargan con el papel principal.
P.: La política monetaria fue la apropiada y lo que falló fue la política de regulación y de supervisión de los bancos. ¿Ésa es la tesis?
G.G.: La vigilancia del sistema financiero en sentido amplio. No sólo de los bancos. Y, en especial, todo el negocio inmobiliario. El deterioro de los estándares de concesión de crédito hipotecario tuvo más que ver con la burbuja de cotizaciones que la vigencia de tasas bajas de interés.
P.: ¿A usted lo convenció?
G.G.: No hacía falta. Es lo que ocurrió.
P.: ¿Convencerá a los senadores?
G.G.: Es lo que hace falta. Yo creo que alcanzará para conseguir los votos necesarios para franquear el examen. La idea que prevalece es la de poner palos en la rueda, pero eso no presupone una obstinación por descarrilar la nominación.
P.: La Fed pudo haber acertado con la política monetaria pero, a confesión de parte, falló como regulador y supervisor. ¿No se le echará en cara a Bernanke esa equivocación crucial?
G.G.: No faltará quien lo culpe por la Guerra de Secesión. Pero allí se diluyen las responsabilidades con una multitud de otros actores. No es sólo la Fed. Está la Oficina de Contralor de la Moneda, la FDIC, la Comisión de Valores, la ahora llamada FHFA, la CFTC. La Fed alertó con tiempo sobre la necesidad de reducir los portafolios de Fannie Mae y Freddie Mac y de recortar el subsidio implícito de la cuasi garantía oficial. Lo hizo el propio Greenspan. El Congreso lo frenó. Por último, en tiempos de Greenspan, el hombre fuerte en los temas regulatorios era el gobernador Roger Ferguson, no Bernanke.
P.: Es una defensa inteligente. Termina pateando la pelota al propio Congreso.
G.G.: No lo hace de manera abierta. Pero si usted tira de la piola de la regulación y la supervisión, no tardará en llegar allí. Lo cual no es una exageración. En definitiva, las responsabilidades son más amplias de lo que se quiere reconocer. Si la política monetaria es la materia de la Fed, la política fiscal es el territorio del Congreso. Es gracioso que se achaque un papel a la política monetaria en la creación de una burbuja de precios inmobiliarios y no se diga nada de la explosión del déficit de presupuesto que se produjo en paralelo.
P.: ¿Piensa que Bernanke, al absolver a la política monetaria, consiguió cubrir su flanco más vulnerable?
G.G.: El costado más delicado de su nominación tenía poco que ver con la política monetaria en sí. Era su participación, junto con el secretario del Tesoro de tiempos de Bush, Henry Paulson, en las operaciones de rescate bancario que se hicieron, en plena crisis y contra reloj, para estabilizar las finanzas. Desde Bear Stearns hasta la compra de Merrill Lynch por parte del Bank of America.
P.: El mandamás del Bank of America denunció que había sido presionado cuando quiso dar marcha atrás con la transacción.
G.G.: Correcto. Me imagino que Obama, antes de darle el plácet para un segundo mandato, habrá chequeado exhaustivamente ese plano porque un percance allí sería imposible de remontar. El resto de las cuestiones es más manejable. Bernanke, después de todo, es la mejor alternativa a la que los republicanos pueden aspirar. Voltear a un hombre neutral sería darle la posibilidad a Obama de elegir un candidato más alineado a sus puntos de vista. No tiene sentido correr el riesgo. Si lo que se busca es despegarse, marcar a fuego la señal de que uno se opuso férreamente, ya la tarea está bien hecha. O, a lo sumo, sólo resta promover un pequeño susto. No más.


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