19 de marzo 2010 - 00:00

Diálogos en Wall Street

El periodista dialoga con el experto en mercados mundiales personificado como Gordon Gekko, de la película «Wall Street», que opina que la inflación en EE.UU. no es el problema, sino que aún no se resolvió la deflación.

Periodista: Hay muchos problemas en danza, pero la inflación no es uno de ellos. ¿O me equivoco?

Gordon Gekko: Tiene razón.

P.: Tampoco aprieta la deflación.

G.G.: En Japón, sí. Pero no en los EE.UU. Ni en Europa.

P.: ¿Dónde fue a parar la masiva inyección de dinero? ¿Cómo se absorbió en paz, sin provocar descalabro?

G.G.: No fue masiva. Y no hubo desborde. La demanda de dinero repuntó -tanto de particulares como de empresas- y compensó el aumento de la cantidad de dinero. Sin traumatismos.

P.: La Fed trabajó a destajo. La base monetaria es hoy casi tres veces mayor que antes de que cayera Lehman Brothers.

G.G.: Y sigue creciendo.

P.: ¿Entonces?

G.G.: Pero la base monetaria no es dinero, salvo en una pequeña proporción. Y esa proporción es mucho más pequeña hoy en día. La creación de dinero no fue masiva; la inyección de base sí lo fue. Le diría más: el aumento del crédito primario de la Fed fue aún superior.

P.: Pero no se transformó en dinero.

G.G.: Se acumula ocioso en el tesoro de los bancos.

P.: Son recursos que creó la Fed, pero que no traspasaron el mostrador de la banca. No se prestaron.

G.G.: Precisamente, como no se prestaron, no se creó dinero. Su razón de ser, el motivo primordial, no era que se volcaran al público. Había que colocarlos en una vitrina para que la población los viera.

P.: Y así evitar una corrida de los depositantes.

G.G.: Siempre se pone el acento en los errores cometidos. Y, con frecuencia, se exagera. Por qué no reconocer, a la par, una de las grandes proezas de la gestión de la crisis.

P.: Los bancos nadan en reservas excedentes. Están muy líquidos, pero no hay elemento alguno que sugiera que se disponen a prestar más.

G.G.: Todo lo contrario. La poda de créditos continúa. Hoy por hoy, los bancos de EE.UU. tienen más títulos públicos en cartera que préstamos al comercio y la industria. Este renglón, el último año, se redujo el 18%. Estamos hablando de un recorte de asistencia al sector privado que orilla los 300 mil millones de dólares.

P.: No es el socialismo que avanza. No es la obra de Obama, como dicen los republicanos. Son los bancos de los EE.UU. los que están matando al capitalismo.

G.G.: Es parte del proceso de desendeudamiento («deleveraging»). Es un rebalanceo necesario. En perspectiva, el recorte del crédito total es más suave. El mercado de capitales funciona y provee financiamiento nuevo.

P.: Desde el punto de vista de la inflación, por lo menos, no luce como un escenario perturbador.

G.G.: Por supuesto que no. Si nuestros días están contados, no será la inflación lo que nos sepulte.

P.: Será la deflación.

G.G.: Todavía hay que resolver los problemas propios de un shock deflacionario. Parafraseando a la Fed, habrá que batallar en ese afán «por un período extendido».

P.: ¿Cómo se compagina la quietud de los precios minoristas con el fuerte aumento acumulado, desde que se logró estabilizar la situación post-Lehman, de los precios de la energía y los alimentos?

G.G.: Nadie discute que hay un cambio de precios relativos. Y que apunta a favor de la energía. Alimentos, en la coyuntura, no participa. La inflación minorista, en el último año, registra un avance del 2,1%. A pesar de que la energía, en el bolsillo del consumidor local, no en los mercados internacionales, se encareció el 14,4%. La nafta, en ese lapso, subió el 36%.

P.: Pero no tracciona otros aumentos. No es un virus que contagie.

G.G.: Se discutió mucho antes de Lehman Brothers. Usted lo recordará: si correspondía o no, guiarse por las versiones núcleo de las canastas de consumo. Hoy se acepta que los precios de la energía pueden trepar de manera significativa y la inflación discurrir plácida; ambas, por carriles separados. Con una economía que crece débilmente, y que tiene a mano una oferta elástica de mano de obra y capital disponible, el contagio no se verifica. Y el riesgo de que acontezca pronto es muy bajo.

P.: Es música para los tenedores de bonos e instrumentos de renta fija. Un lote de inversores bastante nutrido y que siempre parece que inexorablemente marchan al cadalso.

G.G.: Por ahora, devengan su cupón. Lo que en un mundo donde las tasas de corto plazo rozan el suelo, no está nada mal.