3 de septiembre 2010 - 00:00

Diálogos en Wall Street

No se arregló la economía. Ni se arregló la Bolsa. Pero el ánimo mejoró en Wall Street. Y un mercado en alza esperará hoy el crucial informe de creación de empleo. Para el experto en finanzas internacionales, que contesta bajo el alias de Gordon Gekko, el personaje de la película de Oliver Stone, el mejor argumento a favor de una suba es lo bajo que cayeron las expectativas. Pero así tampoco saltará la banca. La tesis del mercado lateral se impone.

Periodista: ¿Se arregló la economía? ¿Así, de buenas a primeras?

Gordon Gekko: No.

P.: No la economía, ¿pero sí la Bolsa?

G.G.:
Tampoco.

P.: Wall Street tiene otra cara. No me lo va a negar.

G.G.:
El alivio es evidente.

P.: Los diez mil puntos del Dow Jones terminaron respetándose. El mercado los cruzó a la baja, pero la embestida no se sostuvo. Y el rebote fue potente. Los volvió a instalar, muy rápido, y con cierta holgura.

G.G.:
La economía hace agua; la Bolsa, no. Quítele el serrucho diario y verá que mantiene la horizontal. Lo que no está mal, dadas las circunstancias.

P.: Sobre todo es un comportamiento mejor que lo esperado.

G.G.:
Mejor que lo que se temía.

P.: Tal cual. Las noticias económicas, concuerdo con usted, no son una maravilla.

G.G.:
Si quiere rescatar un elemento positivo, ninguno mejor que la transición prolija hacia expectativas más modestas.

P.: ¿Por ejemplo?

G.G.:
El reporte de ADP, que es la previa del informe laboral que se conocerá mañana (por hoy), arrojó una destrucción de 10 mil puestos de trabajo en el sector privado. Un mes atrás hubiera sido el acabóse.

P.: No repercutió. No deja de ser una sorpresa. ¿Cree que la Bolsa está preparada para absorber otro período de caída en el empleo y permanecer impasible?

G.G.:
Lo creeré cuando lo vea.

P.: ¿Será que esa peripecia ya está incorporada a los precios?

G.G.:
¿Qué precios? Si son los mismos de cuando la sola sugerencia de algo así provocaba terror.

P.: Es obvio que hay una mayor tolerancia a la adversidad. Los barquinazos que da la economía no les hacen mella a las cotizaciones.

G.G.:
Tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe. No se sabe cuándo, pero no conviene abusar. Pienso que Wall Street rebajó sus pretensiones, pero no creo que dé para tanto. Como sistemáticamente el informe ADP subestimó las lecturas oficiales, lo que ocurre es que se espera una cifra magra pero positiva, una creación en torno a los 30 mil empleos netos en agosto.

P.: La quinta parte de lo que haría falta simplemente para mantener la tasa de desempleo estable en torno al 10%...

G.G.:
Uno o dos meses atrás, ese nivel ínfimo hubiese resultado decepcionante, y con razón. Se apostaba todavía a una recuperación más vigorosa, después de una breve pausa. Hoy por hoy, se lo recibiría con gran alivio. Porque se sabe que la inercia se debilitó al máximo. Ya hemos visto indicadores que sugieren caídas absolutas de gasto o actividad, no mera desaceleración.

P.: La gran paradoja es que, si el umbral de las expectativas yace tan bajo, una noticia mediocre puede hacer saltar la banca. ¿No fue lo que ocurrió con el informe ISM, que mostró una leve mejoría de la industria cuando se temía la posibilidad de una retracción? ¿No pasó lo mismo con el PMI industrial de China?

G.G.:
Saltar la banca es una expresión demasiado vibrante. Pero, es verdad, el mercado puede levantar 200 o 300 puntos con mucha facilidad, sólo por sobrevivir a la difusión de un indicador y quitarse un gran peso de encima. Son saltos de rana. Y, ya que estamos, también los puede perder de la misma manera. Tropiezos no faltan.

P.: Es un mercado sin convicciones. Ni liquidez abundante.

G.G.:
Con un drenaje continuo de recursos de los inversores de largo plazo, que migran de los fondos comunes de acciones hacia diversas variantes de renta fija. Van diecisiete semanas seguidas de flujo de salida. Los fondos comunes tienen una dosis mínima de liquidez disponible. En ese marco, una sorpresa favorable marcha a contrapelo y puede tironear bastante.

P.: ¿Hay muchas posiciones vendidas en descubierto apostando a un mercado bajista?

G.G.:
Ya no. Eso se depuró. Desde la segunda mitad de mayo tenemos un mercado lateral cómodamente instalado. Este es el paraíso de los lanzadores cubiertos. De los que venden calls (opciones de compra) sobre sus propias posiciones.

P.: ¿Hasta dónde ayuda la postura de la Fed? Le fue mejor a Bernanke en Jackson Hole, cuando aventó la seguridad de una próxima movida de relajación, que después de la última reunión, cuando anunció una tibia compra de bonos del Tesoro. ¿No es mejor ver a la Fed imperturbable, confiada en el futuro?

G.G.:
Eso es grandioso en todo momento. Salvo cuando la realidad se empeña en demostrar lo contrario. Si los nubarrones se acumulan, nada se ganará con negarlos. Tarde o temprano habrá que enfrentarlos.

P.: Sin la baja profunda de toda la curva de las tasas de interés, Wall Street hubiera crujido.

G.G.:
Paradójicamente, co-mo se calmaron las condiciones financieras y los rendimientos cayeron a plomo, la Fed no ve grandes beneficios adicionales por sumar otra puntada.

P.: Me quiere decir que si la Bolsa apuesta a favor y se equivoca, si la situación se complica, la Fed recuperará los incentivos para volver a involucrarse.

G.G.:
Si lo quiere ver así.

P.: En cierto modo, la Fed le cubre las espaldas a Wall Street, ¿o no? ¿Será por eso que la Bolsa toma con tanta filosofía las malas noticias?

G.G.:
Hasta cierto punto es así. Se puede jugar con fuego porque existe el departamento de bomberos. Pero también funciona el hospital de quemados porque no siempre llegan a tiempo.