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Diálogos en Wall Street
La Fed no trajo sorpresas. No se aparta del camino trazado en noviembre, cuando lanzó el QE2. Las compras de bonos del Tesoro no se tocan y prometen completar los 600 mil millones de dólares a junio. En la opinión de Gordon Gekko, el veterano analista de las finanzas internacionales que se personifica como el sagaz operador del filme de Oliver Stone, lo importante para Wall Street es saber que la Fed empuja del mismo lado del carro. Y no tiene planes de mudar de postura.
Gordon Gekko: No me diga que esperaba otra cosa.
P.: La economía está mucho mejor que cuando la Fed pergeñó el QE2. Y la política de compras masivas de bonos del Tesoro se planteó desde un comienzo como una estrategia condicional a la marcha de los precios y el empleo. ¿Por qué no habría de existir lugar, entonces, para una eventual reconsideración de su empeño? Tampoco debería sorprender.
G.G.: La Fed quitó los palos en la rueda y reconoce los avances, pero no se va a apresurar a volver a colocarlos. No querrá correr riesgos innecesarios.
P.: La mejoría, ¿es tal, o apenas un espejismo basado en la liquidez circunstancial que inyectan las compras de bonos?
G.G.: Usted no mantendría las tasas cortas en cero desde 2008 si estuviera convencido de que cuenta con una economía rozagante. La Fed se comprometió a sumar compras de bonos del Tesoro por 600 mil millones de dólares a junio, después de haber adquirido 1,4 billón de dólares en otros bonos hipotecarios y del Tesoro, porque la situación de fondo es extremadamente frágil. Ahora bien, con respecto al bache de agosto o septiembre, la mejoría es notable.
P.: ¿Pero es real? ¿O un espejismo alentado por la promesa fácil de una mayor liquidez?
G.G.: Si repasa las cifras de la economía, advertirá que es un fenómeno real. Pero no creo que la política monetaria haya sido ajena a este repunte. Una de las variables críticas era el riesgo de deflación y creo que la promesa de intervención de la Fed resultó eficaz para despejar los nubarrones. Lo mismo digo del riesgo de un double dip. Ya no figura, por cierto, entre las preocupaciones de cabecera. No hay indicios de una recaída, salvo en el pantanoso terreno inmobiliario.
P.: El QE2 es una política atada a la salud de la economía en el discurso, pero en los hechos, hay que pensar que se terminará ejecutando como se esbozó en un inicio. Por la sencilla razón que usted sintetizó: la Fed no querrá correr riesgos.
G.G.: La Fed no se va a apartar de la traza elegida si no observa cambios trascendentes. En las minutas de la reunión de diciembre se dejó asentado que había disposición para analizar la cuestión, pero, es lógico, el umbral para gatillar modificaciones es elevado.
P.: La suba del precio de los commodities no es razón suficiente.
G.G.: Así lo reconoce expresamente el comunicado que la Fed acaba de difundir.
P.: Es una postura que está en las antípodas de la sensibilidad del Banco Central Europeo (BCE).
G.G.: Y con fundada razón. Los precios de las materias primas se han multiplicado varias veces estos años, pero la inflación permanece estable. Y, a decir verdad, tanto en EE.UU. como en Europa.
P.: La nueva composición del Comité de Operaciones de Mercado Abierto, el órgano que toma las decisiones concretas de política monetaria dentro de la Fed, favorece un enfoque más laxo. ¿O me equivoco?
G.G.: Son cuestiones de matices. La nueva rotación desplazó a Tom Hoenig.
P.: El halcón más tenaz de todos. No tuvo empacho en votar en contra, en solitaria disidencia, en todas las reuniones del Comité el año pasado. Fueron ocho votos consecutivos en discrepancia.
G.G.: Tal cual. Pero, más allá de una eventual incomodidad, le pregunto: ¿en qué afectó?
P.: En nada. Las decisiones se tomaron igual, por carril separado.
G.G.: Ahora Hoenig no vota. Tiene voz, y presumo que seguirá taladrando con su posición en discordia, pero no vota. El único cambio visible en la reunión de hoy (por ayer) es que el resultado del sufragio fue unánime.
P.: Bernanke continuará definiendo el rumbo.
G.G.: En su momento analizamos la variedad de opiniones que bullían en el seno de la Fed. No son tiempos normales ni políticas convencionales. Los efectos secundarios de las estrategias que se llevan adelante pueden traer grandes dolores de cabeza. Es mucho lo que hay en juego. Pero, a la hora de la verdad, las diferencias se limaron sin más aspereza que la disidencia de Hoenig. En ese sentido, parte un halcón, pero arriban otros dos.
P.: ¿Quiénes?
G.G.: Charles Plosser, de la Fed de Chicago, y Richard Fisher, de la Fed de Dallas.
P.: Son halcones, pero no son intransigentes.
G.G.: De ahí, la votación unánime; 11 a 0 a favor de mantener el curso de la política monetaria como está. Pero ello no quita que, en su momento, no puedan ejercer influencia. Recuerde que le llevó a la Fed más de tres meses armar el QE2. No surgió como una decisión intempestiva de Bernanke.
P.: ¿Cuál es el saldo que recoge Wall Street? El Dow Jones apuntó a los 12 mil puntos, pero no se sostuvo. Finalmente, la decisión de la Fed no hizo mucha diferencia.
G.G.: El punto obvio es que la Fed y los inversores en la Bolsa, hoy por hoy, empujan del mismo lado del carro. No hay ningún apremio de la Fed por mudar de posición. No es poco aunque no sea todo. No es algo, por ejemplo, con que puedan contar los mercados emergentes a su favor. Tiene el ejemplo de China a mano. No basta contar con una economía robusta si el banco central sopla en contra.

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