31 de marzo 2011 - 00:00

Diálogos en Wall Street

¿Qué le espera a la Bolsa después de esta sorprendente resurrección de fin de mes? La inercia es favorable, pero un nuevo ingrediente clave comenzará a tallar. ¿Qué hará la Fed con la compra de bonos del Tesoro? En la entrevista que sigue, el especialista que camufla su identidad bajo la máscara de Gordon Gekko se ocupa de leer los mensajes cifrados que, en los últimos días, brotaron como hongos del banco central.

Periodista: Wall Street no detiene su avance...

Gordon Gekko: Es fin de mes y fin de trimestre. Todo el mundo quiere sacarse la foto con acciones en cartera.

P.: ¿Abril será distinto de lo que fue marzo?

G.G.: No esperaría otro tsunami. Con uno basta, es cartón lleno por muchísimo tiempo.

P.: Me refiero a la dinámica de las Bolsas.

G.G.: Abril tiene una ventaja muy importante.

P.: Arranca con una inercia favorable.

G.G.: Después de una depuración del 6%/7%..

P.: El Dow Jones irá a buscar los máximos de febrero.

G.G.: Es el paso lógico.

P.: Wall Street tendrá que comenzar sorteando cualquier emboscada que provenga del mercado de trabajo.

G.G.: No parece un obstáculo inaccesible.

P.: El informe ADP, que es una especie de calentamiento previo al reporte oficial, fue menos robusto que lo que se esperaba.

G.G.: Arrojó 201 mil empleos creados en el sector privado y no los 208 mil que se vaticinaban. No le quitará el aliento a nadie. Si hay estómago para soportar la radiación de Fukushima, el bombardeo a Libia y las peripecias de Irlanda y Portugal, no provocará una úlcera.

P.: Hay que pensar que el sector público aportará una poda de puestos de trabajo. El número final puede ubicarse sensiblemente por debajo de los 200 mil.

G.G.: De ser así, la idea de una aceleración en la creación de empleo -una vez más- no podrá ser corroborada. Pero no hay mucha gente que apueste a ello. No debiera ser un drama tampoco. Y, por otro lado, ayudará a relativizar el mensaje revisionista que proviene de la Fed.

P.: Es un cambio notable de discurso. Y no se trata de una opinión aislada, o dos. De buenas a primeras, surgió toda una oleada de cuestionamientos.

G.G.: Esta vez no critican los de afuera, sino la propia tropa.

P.: Se dice que ya es hora de ponerle fin al QE2, que habría que comenzar a preparar la suba de tasas, que se corre el riesgo de reaccionar tarde a la inflación. Thomas Hoenig, el correoso disidente durante todo 2010, culpó a la política de provocar, en parte, la inflación de commodities.

G.G.: Cuando es así, que hasta el más distraído percibe un cambio, está claro que hay un mensaje nuevo. Qué duda cabe.

P.: Lo arduo es descifrarlo. No se pueden sumar todos los dichos en forma literal.

G.G.: Desde ya. Recuerde cuando se gestó el QE2. Había también una amplia batería de posiciones en juego. Llegamos a contar ocho posturas en una reunión. Pero a la hora de la ejecución, la toma de la decisión fue muy prolija. El debate, que se hizo público, quedó en el tintero. Bernanke gatilló el QE2 y sólo Hoenig se opuso.

P.: ¿Comenzó la cuenta regresiva del endurecimiento monetario?

G.G.: No.

P.: James Bullard, de la Fed de St. Louis, planteó la necesidad de hacer una revisión exhaustiva del programa de compra de bonos del Tesoro. Y es de la idea que se podría dejar en suspenso la adquisición de los últimos 100 mil millones. El próximo cónclave de la Fed -en abril- no será un simple trámite.

G.G.: Se abrirá la discusión. Piense, como para tener una perspectiva adecuada, que el mismo Bullard presentó un papel de trabajo sobre el QE2 a fines de julio del año pasado y la iniciativa no se corporizó hasta el 2 de noviembre.

P.: No cree que haya cambios en abril.

G.G.: No.

P.: Aunque la inflación preocupe.

G.G.: Tampoco pienso que la inflación obligue a extremar recaudos, más allá de lo que es el monitoreo normal.

P.: Pese a la tensión que implica la crisis política del mundo árabe.

G.G.: Con más razón. No es un problema crónico. Hay un shock muy puntual. Intervenir no remediaría el trastorno y podría agravar la recuperación, cuya instalación costó no poco esfuerzo. No hay apuro. La suba del crudo, dadas las circunstancias, ha sido moderada. Ni siquiera trasunta una carrera alocada. Trepó un escalón y se estacionó allí.

P.: Tal vez no haya cambios, pero los efectos se anticipan. El QE2 comenzó a irradiar influencia decisiva en septiembre. Un par de meses antes de su concreta implementación.

G.G.: Estoy de acuerdo. Ese es el sentido de propalar el debate, de darlo a conocer casi sin cortapisas y con todo el menú de alternativas que se plantean.

P.: No será en abril, será en la siguiente reunión, pero se cocina una postura diferente. ¿O me equivoco?

G.G.: La siguiente reunión es la de junio. El QE2 expira en junio. Mi impresión sobre el mensaje de la Fed es muy clara: no habrá QE3. No más que eso.

P.: La suba de la Bolsa deberá lidiar con este debate interno en el seno de la Fed, tendrá que convivir con la idea de que un factor de apoyo crucial dejará de estar disponible. ¿Serán capaces las acciones de ignorarlo y proseguir su marcha?

G.G.: Es una buena pregunta. Si Bullard plantea suspender las compras de bonos ahora mismo, es porque alega que la economía ya tomó la fortaleza suficiente para abrirse paso por sí sola. Si está en lo cierto, la Bolsa también se las podrá arreglar.

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