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Diálogos en Wall Street
Los avatares de la deuda pública de los EE.UU. y la visión negativa de una agencia calificadora le dan tema a una entrevista en la que Gordon Gekko -el álter ego de un conocido analista de los mercados internacionales- desgrana razones y sinrazones del comportamiento de los bonos del Tesoro y su rol crucial como esponja para absorber los shocks adversos que depara un camino por demás accidentado.
Gordon Gekko: Existe la tentación de decir que la opinión de las agencias calificadoras no es muy relevante.
P.: ¿No es así?
G.G.: La suba de precio de los bonos no parece casual. Las tasas largas bajaron significativamente. Están casi en el piso del rango de los últimos meses: el 3,35%.
P.: Me quiere decir que la opinión de S&P sí cuenta, sólo que se la toma al revés de la letra.
G.G.: El anuncio no cayó en saco roto. Produjo una reacción visible. Fácil de observar; si usted quiere, difícil de explicar. Subieron los bonos del Tesoro, trepó el dólar contra las demás monedas. ¿Cómo se entiende? Y, eso sí, se resintieron las acciones.
P.: Se supone que no debiera funcionar de esa manera.
G.G.: Seguro.
P.: A la hora de buscar explicaciones -expost- nunca faltan argumentos. Hay quien dice que como la decisión de S&P eleva la prima de riesgo, es natural que dañe a la Bolsa.
G.G.: El pequeño problema es que la prima de riesgo no subió. Las tasas de los bonos del Tesoro no subieron, más bien, bajaron. La revisión de la perspectiva crediticia no es halagüeña; es natural que perjudique a las acciones. La sorpresa es que haya fortalecido al dólar y a los bonos públicos. Ahora bien, si esto es así, entonces, ¿por qué se asustan las acciones? De balde.
P.: Quizás esta incongruencia surja porque, en el fondo, lo que gatilla la decisión de S&P no constituye una novedad para nadie. El endeudamiento público creció enormemente. No está claro cómo los EE.UU. le pondrán el cascabel al gato.
G.G.: Es posible. Ya le dije, la tentación es pensar que se trata de una afirmación obvia, algo que ya se sabía, que por ende es irrelevante. Creo, sin embargo, que conviene prestarle atención a dos aspectos.
P.: ¿Cuáles?
G.G.: El rol clave que tiene la discordia política, la distancia entre las posiciones de demócratas y republicanos y su característica aparentemente irreductible. La deuda es muy alta, tiene muchísimos bemoles, pero esta arista externa es lo que gatilla el cambio de postura de S&P.
P.: No será sencillo que las partes se pongan de acuerdo. Hay una elección presidencial a fines del año próximo.
G.G.: Tal cual.
P.: Y mucho antes, la deuda chocará con el techo legal que le fija el Congreso.
G.G.: A decir verdad, el dictamen de S&P no menciona el tema del tope de la deuda. Supondrá que el agua no llegará al río, que habrá un parche circunstancial para vadearlo, pero que no le dará una solución definitiva a la cuestión de fondo.
P.: La política es un obstáculo que será muy tenaz.
G.G.: De acuerdo. Todos lo sabemos. La situación es increíblemente mala. La deuda pública crecerá sin límites, la política impide acotar el déficit. ¿Hay margen para la sorpresa? Bueno, la política no puede decepcionarnos. Ya sabemos que demócratas y republicanos son como perros y gatos y que la intolerancia mutua nos conducirá al desastre. Ya tenemos los asientos en el infierno. La sorpresa sólo puede ser favorable. Que, puestos entre la espada y la pared, se teja una negociación. En principio, es lo que estamos viendo cada vez que toca lidiar con un momento crítico.
P.: Será después de 2012. Me refiero a un programa fiscal profundo.
G.G.: Probablemente.
P.: ¿Se podrá postergar tanto tiempo?
G.G.: La deuda deberá complicarse primero. Sólo después obligará al giro de la política. Pero éste es el segundo aspecto que le quería subrayar. El más importante. S&P abre el paraguas sobre el futuro de la deuda y los bonos no se mosquearon. Se discute hasta último minuto el cierre parcial del Gobierno, y los bonos no sufren ni siquiera un rasguño. Bill Gross, el administrador del principal fondo de renta fija del mundo, liquida toda su posición de bonos del Tesoro en febrero y no pasa nada. En marzo, monta una posición corta (del orden del 3% de su cartera) y pierde plata.
P.: Es sorprendente. Piense que además hay una mayor sensibilidad con la inflación.
G.G.: Correcto. El papel del bono ha sido crucial para el éxito de la estabilización. Es la esponja que permite absorber los shocks.
P.: De acuerdo, pero, ¿durarán sus atributos? Todo el mundo tiene claro que el QE2 (la compra masiva de bonos del Tesoro) no irá más allá de junio.
G.G.: ¿Por qué pensar en un drama?
P.: Por la sencilla razón de que ya no se realizarán compras de bonos por alrededor de 100 mil dólares por mes. Es el argumento de Bill Gross.
G.G.: Mire lo que pasó después del QE1. Si la economía tiene vigor, las tasas irán trepando. Eso no sería fracaso, ni un síntoma de riesgo crediticio, es más bien la fórmula del éxito. El propio Gross reconoció que a tasas más altas volverá a comprar bonos del Tesoro. Si la economía se estanca, que fue lo que pasó a mediados del año pasado, si las cosas no salen bien, ahí de vuelta se buscará el refugio de los bonos del Tesoro. No hace falta que compre la Fed, comprarán los privados que querrán salir de sus activos riesgosos y bajar la exposición de mercado.


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