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Diálogos en Wall Street
La Bolsa, finalmente, quebró todos los récords que había clavado en febrero, antes de la zozobra que instalaron Libia y Japón. La ruptura no dejó dudas, pero el futuro traerá otras. Para escudriñar lo que viene, el cronista dialoga con Gordon Gekko, un veterano conocedor de los mercados financieros que adopta la máscara del protagonista del filme «Wall Street».
Gordon Gekko: Volteó los récords de febrero. A lo largo y a lo ancho del tablero.
P.: Ya lo había logrado el Dow Jones Industrial.
G.G.: Y el de Transporte. No lo olvide. No es poca cosa que avance con el petróleo en estos precios.
P.: La teoría del Dow ya emitía una luz verde, pero faltaba la confirmación del S&P 500 y del NASDAQ.
G.G.: Llegaron ambas ra-tificaciones con el mismo envión.
P.: Los muertos que vos matáis gozan de buena salud. El rally de las acciones sigue vivito y coleando.
G.G.: A falta de nada mejor.
P.: No es curioso que no se haya esperado conocer el saldo de la reunión de la Fed. Bastaba aguardar un día más para escuchar de la propia boca de Ben Bernanke cómo viene baraja-da la política monetaria.
No debe ser una reunión pacífica.
G.G.: Los balances le dieron a la Bolsa una propulsión propia. Yo diría que el punto de inflexión fue la semana pasada. Ahora sólo faltaba un pequeño empujón. Y los números que aportaron las empresas justifican con creces dar el paso adelante.
P.: Será que no se teme demasiado a la Fed. Más allá del cambio de retórica -que es evidente-, no se piensa que el banco central asumirá, de buenas a primeras, una actitud agresiva.
G.G.: Ése es el consenso. Seguro. Muchos gobernadores abogan por una mudanza drástica.
P.: Incluyendo la cancelación del QE2 -la política de compra de bonos del Tesoro- antes que comience mayo.
G.G.: Correcto. Pero el núcleo duro de la Fed no compró la idea.
P.: Bernanke ciertamen-te no.
G.G.: Ni Bernanke ni Bill Dudley, quien es, en última instancia, el brazo ejecutor. Ni Janet Yellen, la número dos.
P.: ¿Puede ser que hayan cambiado de opinión?
G.G.: Muy improbable, pero para saber eso tendremos mañana (por hoy) la conferencia de prensa de Bernanke, dos horas después de culminado el cónclave.
P.: Supone que soltará la lengua.
G.G.: Imagino que nos adelantará, al menos, la información que normalmente se transmite en las minutas de cada reunión.
P.: La conoceremos tres semanas antes.
G.G.: Eso pienso.
P.: Es arma de doble filo.
G.G.: Estuvo mucho tiempo bajo estudio. No será una improvisación.
P.: Uno tiene el derecho de imaginar que la Fed no quedó del todo conforme con la manera como se interpretó el QE2.
G.G.: Es posible. Pero piense que la comunicación no hace milagros. Fíjese en la discrepancias internas, en el seno de la Fed, y se dará cuenta de que el tema en sí es muy susceptible a controversias. Lo que yo imagino es que la Fed tiene por delante una tarea titánica que realizar. Y le ha visto potencial al recurso de comunicar mejor.
P.: Vuelvo al tema de los cambios de ideas. Quizás la espada de Damocles del petróleo obligue a replantear la postura de la Fed.
G.G.: No.
P.: Fue uno de los motivos que adujo el Banco Central Europeo (BCE) para movilizar su primera suba de tasas de interés.
G.G.: La Fed le copió el procedimiento de la conferencia de prensa. Pero no está obligada a copiar también el contenido. La posición de Bernanke es muy diferente de la del BCE. A su juicio, se trata de un shock temporario.
P.: Que dura bastante tiempo.
G.G.: Los precios altos, sí. El salto de precios, no. Como sea, Bernanke entiende que la política monetaria deberá intervenir si se desacomoda el anclaje de las expectativas de inflación. Pero no antes. A diferencia de la actitud preventiva del BCE, que gatilló una suba de tasas en cuanto afloró el impacto del crudo en los índices generales de precios.
P.: Gracias a esa diferencia de criterio, el rally de las acciones conserva potencial de suba. ¿O me equivoco?
G.G.: Inclusive en Europa. No se equivoca. Recuerdo al Bernanke que escribía en 1997 -con Gertler y Watson- que los efectos recesivos de un shock petrolero no se debían tanto al shock en sí como a la respuesta ad hoc de la política monetaria.
P.: Si los balances fueron la bujía que encendió este fogonazo de las acciones, es una pena que se aproxime el final de la temporada. ¿Con qué nos quedamos después? Si la Fed nos saca el QE2, que también terminará en fecha no muy lejana, el resto de la agenda no es muy alentador.
G.G.: Si la Fed le quita el andador, Wall Street tendrá que caminar por las suyas. Como siempre, la economía manda.
P.: Las cifras del primer trimestre, cuya estimación de avance se conocerá el jueves, no prometen despertar entusiasmo.
G.G.: Se esperaba crecer el 4%; será una fiesta para las acciones si se consiguió la mitad. Pero lo dudo.
P.: ¿Tendrá pujanza la economía como para seguir empujando el carro? Digo, el rally, a razonable velocidad.
G.G.: El clima le jugó en contra -fuerte- en enero y algo de febrero; no debería ser una perturbación. Cuando desconecte el QE2, podrá conectar a Japón. La clave, en mi opinión, está en el petróleo (y en el hecho de que si la Fed da un paso al costado, no podrá volver de inmediato sin que medie una circunstancia delicada). Con la crisis árabe en sostenida ebullición (no se engañe por el mero hecho de que Siria no sea un productor de crudo), en algún momento andaremos a los tumbos.


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